La semana pasada, Teatro El Viejo Rafiki cumplió 20 años desde el comienzo de aquel proyecto que nació casi sin pensarlo y que con el tiempo terminó convirtiéndose en un espacio cultural amplio que hoy está a pocos pasos de cumplir el objetivo de tener su propio centro cultural. Entre clases, festivales, funciones y sueños colectivos, el grupo logró construir algo que sus integrantes describen como una familia.
Durante una entrevista con InfoBrandsen, Darío García Grasso, Joaquín Melo y Manuela López Lavoine repasaron el recorrido del espacio y hablaron sobre el crecimiento del grupo, el vínculo con la comunidad y el significado que tiene hoy Rafiki para quienes forman parte.
“El proyecto de Viejo Rafiki en realidad no es algo que se pensó, sino algo que se fue dando”, explicaron al recordar los inicios del espacio. Las primeras clases se daban en la Biblioteca Popular San Martín y el objetivo inicial era simplemente ofrecer un taller de teatro en una ciudad donde prácticamente no había otras propuestas similares.

En aquel momento, los grupos eran pequeños y los primeros adultos que formaban parte eran apenas cuatro personas. Con el paso del tiempo comenzaron a sumarse más vecinos y el espacio empezó a transformarse. “El formato de taller después fue mutando y fue cambiando a medida que había más ganas de hacer teatro. No solamente una muestra de fin de año, sino participar de festivales y de otros circuitos”, recordaron.
Uno de los momentos que marcó un antes y un después fue la realización de los cafés concert en el Centro Educativo Complementario. Allí descubrieron que había una comunidad interesada en acompañar sus propuestas.
“Nos dimos cuenta de que había un público que tenía ganas de consumir lo que nosotros hacíamos. Era una salida familiar donde había sketch, podían venir a comer algo económico y disfrutar del teatro”, señalaron. Ese crecimiento llevó al grupo a conformarse como ONG en 2011. Según explicaron, la idea también tenía un fuerte costado social y comunitario: “Siempre estuvo presente esto de que el teatro y el arte sea accesible a todos los vecinos y a toda la comunidad”.
El origen de su nombre
El nombre de El Viejo Rafiki también tiene una historia muy particular detrás. Surgió a partir del personaje de Rafiki, de “El Rey León”, que Darío interpretaba jugando con su hijo. Lo que comenzó casi como una broma terminó convirtiéndose en la identidad del grupo.
“Ya dejó de ser algo personal. Ahora Rafiki somos todos nosotros”, expresó. A lo largo de la entrevista apareció constantemente la idea de familia y pertenencia. Explicaron que el vínculo humano es una de las razones principales por las que el grupo continúa unido después de tantos años: “Teatro podemos hacer en cualquier lado, pero la familia que hay acá y cómo uno disfruta actuar con esos compañeros es lo que nos hace seguir”.
También remarcaron que el espacio siempre funcionó de manera horizontal y colectiva. Las decisiones se toman entre todos y cada integrante puede proponer ideas o proyectos: “Es un lugar donde cada uno puede decir lo que piensa. A veces seguimos la idea de uno y a veces la idea de otro”.
La obra del futuro Centro Cultural Teatro Rafiki
Actualmente el grupo continúa trabajando en la construcción del Centro Cultural Teatro Rafiki, una obra que comenzó en 2020 y que avanza gracias al esfuerzo colectivo, donaciones y colaboración de vecinos y empresas. “La idea es que no sea una sala solo para nosotros, sino un espacio abierto para la comunidad”, argumentaron y posteriormente remarcaron que no lo piensan como algo privado: “Lo que uno construye no es para uno solo”.
Durante la charla también recordaron el Festival Multiplicando Miradas, que ya lleva 13 años acercando obras gratuitas a Brandsen. Según contaron, la propuesta nació porque sentían que muchas veces acceder al teatro independiente implicaba viajar a otras ciudades. “Queríamos que la gente pueda ver teatro de calidad y que el precio no sea un impedimento”, señalaron.



Sobre el final de la entrevista, los integrantes de Rafiki coincidieron en algo: el espacio no podría sostenerse sin el acompañamiento constante de la comunidad: “Esto existe porque hay muchísima gente atrás que acompaña”. Por otro lado, aclararon que el apoyo no pasa únicamente por lo económico: “También ayuda el que comparte, el que difunde y el que te dice que lo que hacés está bueno”.
Después de 20 años, El Viejo Rafiki sigue creciendo con la misma idea con la que empezó: construir un espacio colectivo donde el arte, los sueños y el sentido de comunidad siempre tengan un lugar.



Por Rocío García Beconi
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