Publicado en Semanario Tribuna 14-12-19

Beto y Mónica se habían ido a un cumpleaños; Nicolás, su hijo, a una cena. Este fue el escenario que encontraron propicio los delincuentes para, cerca de la medianoche del sábado, ingresar con unas escaleras al fondo de la vivienda de la familia Caram, en Segade entre Azcuénaga y Castelli, y luego barretar una puerta ventana y hacer destrozos en la planta de arriba.

Quien frenó el robo fue Nicolás, que llegó de cenar pasada la medianoche y, sin sospecharlo, apuró la huida de los delincuentes; “estábamos ya volviendo de La Plata cuando nos llamó Nico para contarnos lo que había pasado”, dijo Beto.

Al lado de la casa de los Caram hay una obra en construcción; “y la verdad que no queremos echar culpas sin saberlo, pero cuando llegamos había una escalera puesta de un lado de mi paredón y la otra del lado de la obra”, detalló Beto.

“Esta segunda parte del paredón la pusimos hace 5 años; antes estaba todo abierto y ni siquiera estaba la construcción, con lo cual se podía entrar al fondo de la casa mucho más fácil y nunca pasó nada”, dijo, luego, Mónica.

La puerta ventaba que da al patio de invierno, robusta, fue violentada “y una vez adentro se fueron a las habitaciones que están arriba y ahí dieron vuelta todo; los 6 cajones de nuestro dormitorio, la ropa del placard y el ático. Dejaron la otra habitación sin tocar porque llegó Nicolás”, acotó Beto.

En 26 años que hace que viven ahí, esta es la primera vez que les entran a robar; “ahora vamos a poner alarma, pero la sensación que te queda es de vulnerabilidad. Mónica no pudo ir a trabajar por dos días porque tenía un shock nervioso que la descompuso”, manifestó Beto.

Trabajó en el lugar policía científica “pero se ve que tenían guantes por el tipo de marca que dejaron. Estamos muy desprotegidos en Brandsen y esto no puede seguir así porque te saca las ganas de todo; la sensación que queda es muy fea”, finalizó el vecino, ya más resignado que furioso.

El segundo robo en 6 meses Otra vez, una pareja de jubilados fue blanco de los delincuentes

Un llamado, cerca de las 9 de la noche del sábado, los alertó y rompió la armonía de un festejo familiar; la pareja de Carlos Suárez y Angela Granzella fue otra vez la elegida por los delincuentes. En esta oportunidad, se llevaron dinero, una suma que no trascendió pero que se estima importante.

Carlos y Angela, vecinos de Saavedra entre Mitre y Ferrari, habían sido víctimas de un violento robo seis meses atrás, en donde no sólo les robaron varias pertenencias sino que además los golpearon brutalmente.

En esta oportunidad, sufrieron lo que en la jerga policial se conoce como escruche –cuando los delincuentes ingresan a una vivienda vacía de moradores- y, al margen de lo robado, la sensación fue desoladora.

“Estábamos festejando un cumpleaños cuando de repente suena el teléfono de Angela y lo atendí yo; era un vecino que me decía que había patrulleros en la puerta de la casa de mis suegros así que fuimos inmediatamente”, comenzó contando a TRIBUNA Lorena Maritano, esposa de Nino, hijo de la pareja, y una de las más indignadas por todo lo que les está tocando vivir.

Hasta la casa llegaron Carlos y Nino, “y cuando entraron vieron q

ue todo era un desaste; todo desarmado y las puertas barreteadas. Supuestamente entraron por galería, por la parte de atrás, como la vez pasada, barretearon la puerta que da a la cocina y una vez ahí, sacaron el estractor, desarmaron la cocina y barretaron la puerta que da a las habitaciones y el baño que estaba con llave y una vez en las habitaciones desarmaron todo”, detalló Lorena.

La casa de los Suárez no tiene alarma, “y ahora van a poner y van a tener que modificar el portón y hacer varios arreglos en la casa, que quedó destrozada”, afirmó la vecina.
En esta ocasión, los delincuentes se llevaron “mucho dinero porque cosas materiales no había porque se llevaron todo la otra vez. A mi suegro no le dio un infarto de casualidad”, aseveró Lorena.

“ES ZONA LIBERADA”

Indignada, harta y dolida; así se mostró Lorena por lo que les tocó pasar, por segunda vez en seis meses, a sus suegros; “esto es zona liberada y a mí no me lo saca nadie de la cabeza. La casa de mis suegros está a dos cuadras de la Caminera y a tres de la comisaría. No puede ser que no vean nunca nada”, dijo.

Lorena responsabiliza a la cúpula dirigencial de seguridad; “la verdad que acá se trabaja mal y eso dicho por una de las chicas de la policía científica que fue a la casa a hacer los peritajes. Además, otra de las policías le dijo a mi cuñada que vea la idea de llevarlos a un geriátrico; es increíble”, agregó y también fue contra la fiscal, “que hace unos años, cuando nos robaron a nosotros, nos responsabilizó por no haber tenido rejas”.

En la casa de los Suárez, mientras tanto, siguieron toda la semana con las refacciones para que la casa vuelva a ser el lugar que era, aunque eso ya es algo imposible.

Publicado en Semanario Tribuna 14-12-19


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