En las últimas horas, el portal de noticias TN publicó una nota sobre la historia de vida de Elías Perdomo, joven de Brandsen que integra la Selección Argentina de fútbol para amputados.
Se trata de un testimonio de superación y resiliencia, marcado por una situación muy difícil que tuvo gran repercusión en nuestra ciudad años atrás.
A continuación compartimos la nota completa publicada por TN.
Elías Perdomo transformó el dolor en resiliencia luego de que una jugada cambiara su vida para siempre. “Me pregunté mil veces ‘¿por qué a mí?’”, confesó el joven a TN.
A veces, la vida se divide en un antes y un después de un ruido. Para Elías Perdomo, ese sonido fue el de un hueso rompiéndose en una cancha de fútbol en Brandsen cuando tenía solo 16 años.
Lo que parecía ser una lesión deportiva común, de esas que se curan con tiempo y kinesiología, se convirtió en una pesadilla de pasillos de hospital, fiebre alta y una decisión que le cambiaría la existencia para siempre.
Hoy, a los 26 años, Elías no habla desde el rencor, sino desde la victoria. Su pierna izquierda ya no está, pero su impulso es más fuerte que nunca. Es jugador de la Selección Argentina de Amputados y tiene la mirada fija en un objetivo claro: el Mundial de Costa Rica, que se disputará del 31 de julio al 9 de agosto.
Todo empezó con una fractura de tibia y peroné. Sin embargo, el verdadero problema no fue el golpe, sino lo que vino después. “Me pusieron un yeso que estaba demasiado apretado. No me circulaba la sangre. Empecé a sentir un dolor insoportable, pero me decían que era normal por la operación”, recordó Elías a TN.

El cuadro derivó en una infección feroz. Lo que siguió fue una lucha desigual contra el tiempo y la bacteria. “Estuve muy grave. Pasé por muchas cirugías tratando de salvar la pierna, pero la infección no cedía. En un momento, ya no era solo la pierna, era mi vida la que estaba en juego”, relató. Finalmente, los médicos fueron honestos con él y su familia: para que Elías siguiera vivo, la pierna izquierda debía ser amputada.
“Cuando me lo dijeron, se me vino el mundo abajo. Yo era un pibe que solo pensaba en correr y jugar a la pelota. Me pregunté mil veces ‘¿por qué a mí?’. Sentís que la vida es injusta, que no vas a poder volver a ser el de antes”, confesó.
Volver a nacer sobre muletas
La recuperación no fue solo física sino un proceso de reconfiguración mental. Elías tuvo que aprender a caminar de nuevo, a balancear su cuerpo y, sobre todo, a mirarse al espejo aceptando su nueva realidad. Pero el fútbol, ese mismo deporte que estuvo en el origen de su dolor, terminó siendo su medicina.

“El fútbol me salvó la vida. Cuando descubrí que existía el fútbol para amputados, sentí que me daban una segunda oportunidad. No era solo volver a patear, era volver a sentirme parte de un equipo, volver a competir”, explicó.
Actualmente, Elías vive en Brandsen junto a su familia y trabaja en el detailing de autos, un oficio de precisión y estética que le permite costear sus gastos. Sin embargo, los fines de semana su vida se traslada a la ruta. Juega para Los Lobos, un equipo de San Antonio de Areco, lo que implica viajar cientos de kilómetros para entrenar y competir.

“Es un sacrificio grande, pero lo hago con alegría. En la cancha me olvido de todo. Ahí no falta nada, ahí somos todos iguales luchando por lo mismo”, indicó.
Talento y equilibrio
Jugar al fútbol para amputados no es para cualquiera. Se juega con muletas de metal, sin prótesis, y el arquero debe tener una amputación en un miembro superior. El contacto de la muleta con la pelota está prohibido en el área y se considera como una “mano” que puede derivar en penal.
“Es un deporte muy físico y muy técnico. Tenés que tener mucha fuerza en los brazos para desplazarte a la velocidad que lo hacemos. Yo juego de volante o delantero, me gusta ir al frente”, contó Elías. “La dinámica es increíble, la gente que lo ve por primera vez se sorprende de la velocidad que alcanzamos y de la fuerza de los remates”, agregó.

Su gran rendimiento lo llevó a vestir la camiseta celeste y blanca. Ser parte de la Selección es un orgullo, pero también un desafío económico en un deporte que todavía pelea por mayor visibilidad y apoyo.
“Llevar el escudo de la Selección es lo máximo que me pasó. Representar a mi país después de todo lo que pasé es la prueba de que valió la pena no bajar los brazos”, dice Elías. Ahora, el objetivo es Costa Rica. El Mundial está a la vuelta de la esquina y el joven de Brandsen se entrena en doble turno para llegar en su mejor versión.
Sin embargo, el viaje implica costos que los jugadores muchas veces deben afrontar por su cuenta o mediante sponsors. “Mi sueño es estar ahí, representar a Brandsen y a toda la Argentina. Quiero demostrar que una discapacidad no te define, que los límites están más en la cabeza que en el cuerpo”, concluyó el joven.
Fotos y video: Agustina Ribó
Edición: Adrián Canda
Fuente https://tn.com.ar/
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