Con más de seis décadas de ejercicio profesional, Vicente Primerano continúa siendo una de las figuras más reconocidas de la medicina en local. En una entrevista con InfoBrandsen, el médico clínico repasó los comienzos de su carrera, los cambios que experimentó la profesión a lo largo del tiempo y la importancia de la formación médica.

Aunque durante sus años de estudiante imaginaba un futuro ligado a la cirugía, la vida profesional lo llevó por otro camino:“Cuando entré a la cátedra de clínica me di cuenta que me gustaba más la clínica médica que lo demás. Nunca me arrepentí de eso”, recordó. Según explicó, en la época en que se formó los estudiantes participaban de una manera más activa dentro de los hospitales y tenían prácticas antes de recibirse: “Terminé operando siete u ocho apéndices”, contó.

Entre los recuerdos de aquellas prácticas, Vicente nos contó la intensidad de las guardias que enfrentó en el hospital de Florencio Varela, donde las jornadas fueron extenuantes: «En Varela hemos atendido 30 o 35 pacientes por practicante en un día». Sumó que no sólo recibían pacientes por guardia, sino que llegaban todo tipo de casos, ya sea accidentes de tránsito, ferroviarios y urgencias de cualquier índole.

Según mencionó, esa experiencia fue fundamental porque complementó los conocimientos teóricos de la carrera ya que tuvieron contacto directo con casos reales y además, contaban con el acompañamiento de médicos recibidos a los cuales podían consultar en caso de tener alguna duda o necesitar ayuda para encontrar una solución.

Su llegada a Brandsen estuvo vinculada a que su objetivo era mantenerse cerca de La Plata para continuar su formación y desarrollar su carrera hospitalaria. Poco después de recibirse comenzó a trabajar en el Policlínico de La Plata, donde recorrió todos los escalones profesionales hasta convertirse en jefe de sala. Al mismo tiempo se desempeñó dentro de la docencia, una faceta que descubrió de manera temprana en su carrera:“Me gustaba no solamente hacer clínica, sino enseñar clínica”.

Para él, la residencia representa una etapa fundamental en la formación profesional, y considera que es una manera de aprender haciendo y sirviendo; una experiencia fundamental para quienes egresan de las facultades de medicina. Por otro lado, recordó que en aquel entonces muchas urgencias debían resolverse en los domicilios de los mismos pacientes. Edemas agudos de pulmón, crisis asmáticas y otras situaciones complejas se solucionaban con recursos limitados y elementos que estaban a mano en ese momento.


Una de las anécdotas que el médico nos compartió fue que en algunos casos utilizaban medicamentos e inyecciones para resolver edemas de pulmón, pero incluso llegaban a aplicar una práctica llamada sangría blanca, que se usaba para aliviar la congestión pulmonar: «Uno pedía una gillette, le ponía un lazo, le cortaba la vena, salía sangre y al paciente se le pasaba el encharcamiento».

El entrevistado confesó que lo que más disfruta de su profesión es la charla que se da en el consultorio con los pacientes y el vínculo que allí se genera; al igual que el resultado positivo de sus consultas y ver cómo sus pacientes se curan tras seguir sus indicaciones. Destacó que la medicina cotidiana se aprende en el contacto diario con las personas, donde el médico conoce la enfermedad pero también la situación psicológica, emocional y el contexto en el que se encuentra cada persona que ingresa a la consulta.

Durante la charla también mencionó que la llegada de nuevas especialidades modificó la práctica médica y destacó dos momentos que marcaron la salud de nuestra ciudad: la ampliación de la Clínica con la incorporación de médicos y la llegada del Hospital Municipal: «La llegada del hospital tuvo algo muy importante; vinieron más médicos, había servicios de emergencia y guardias las 24 horas».

En aquel entonces los médicos no sólo trabajaban en el consultorio. Vicente nos compartió que al finalizar con los turnos diarios, él comenzaba con el recorrido de atención domiciliaria local, donde atendía a cada paciente que precisaba su atención. Incluso por la noche recibía llamado de pacientes que se encontraban en situación de emergencia y precisaban atención médica inmediata.

Con el fortalecimiento del sistema, indicó que el desgaste generado por la atención 24hs que él y los otros médicos locales daban, disminuyó. Las personas que necesitaban cubrir una emergencia pasaron a llamar al hospital o acercarse a las guardias que el mismo otorgaba. También detalló que hoy la emergencia está concentrada en el hospital. Sin embargo, él le sigue diciendo a sus pacientes que ante cualquier cosa pueden llamarlo o él los llama para hacer un seguimiento de su salud y evolución tras la consulta médica.

El motivo que lo llevó a dejar de atender en pediatría fue cuando identificó que si su hija tenía un problema de salud, la llevaba a un pediatra; y a la vez seguía atendiendo a niños en su consultorio. Tras este debate interno decidió no continuar con pacientes pediátricos y en su lugar derivarlos a especialistas como Morano. Por otro lado, sostuvo que la complejidad de esta especialidad médica se encuentra en la incertidumbre que genera ya que deben guiarse por lo que ven y lo que las madres o padres explican.

La incertidumbre fue otro de los temas sobre los que reflexionó. Para Primerano, la clínica médica es una de las especialidades que más desafíos presenta porque el profesional muchas veces recibe pacientes sin un diagnóstico previo: «Te consultan por todo y vos no sabés lo que tiene el paciente». En ese sentido, comparó la clínica médica con una gran porción de pizza, donde el clínico debe abarcar una amplia variedad de enfermedades y decidir hasta dónde puede resolver un problema y cuándo corresponde derivarlo a un especialista.

A lo largo de los años le ha tocado enfrentar muchas situaciones. Una de las que nos compartió ocurrió durante sus atenciones domiciliarias en Jeppener después de su jornada laboral en la fábrica local. Una mujer lo llamó porque su esposo se encontraba mal y él se acercó para atenderlo. El hombre mejoró de manera notable ya que Vicente le dio una inyección, y cuando él vio que ya se encontraba bien y estable, dio por finalizada la visita.

La pareja salió para despedirlo, pero al caminar poco más de 30 metros de campo, el doctor escuchó el grito de la mujer. Al darse vuelta, el hombre yacía tendido en el suelo con un color azulado, y corrió rápidamente para asistirlo. Por los nervios y la necesidad de acción inmediata del momento, el entrevistado decidió tirar todas las ampollas en el suelo para poder encontrar rápidamente la que necesitaba. Al identificarla la preparó y se la aplicó eficazmente al paciente, quien volvió a mejorar y no presentó más problemas. «Fue una situación de muchos nervios», confesó el entrevistado.

En cuanto a las malas noticias que debe dar un médico a lo largo de su carrera, dijo que cada centro médico cuenta con un equipo de salud mental para poder contener a los pacientes. En el caso de su consultorio particular, comentó que muchas veces los pacientes vinen preocupados por algún síntoma ya que coincide con antecedentes familiares de enfermedades graves. Lo que él hace en primer lugar es intentar darle tranquilidad, explicarle los motivos por los cuales puede o no ser una enfermedad, escuchar al paciente para despejar todas las inquietudes que presente y abordarlas para después continuar con la consulta médica de manera habitual. «El paciente no viene sólo con síntomas, también tiene un contexto al cual debemos atender», concluyó.

Para finalizar, le preguntamos qué le diría a un ingresante de medicina, y él respondió que su recomendación es que elijan lo que realmente les guste y disfruten, algo que también se amolde a su ritmo de vida, su personalidad y lo que los haga felices.

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Por Rocío García Beconi


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