Una excavadora Caterpillar 797 pesa alrededor de 400 toneladas vacía y puede cargar otras 360 en su tolva. Cuesta entre 5 y 6 millones de dólares dependiendo de la configuración, consume unos 3000 litros de combustible por turno de 12 horas, y cuando se mueve por los caminos de tierra de una mina a cielo abierto en el desierto de Atacama levanta una nube de polvo que se ve desde varios kilómetros.
Rastrear dónde está en cada momento no debería ser complicado. Y sin embargo, hasta hace relativamente poco, muchas operaciones mineras en Chile tenían mejor visibilidad sobre sus camionetas de supervisión que sobre estos monstruos que representan la mayor inversión de capital móvil en cualquier faena.
El problema nunca fue tecnológico en el sentido estricto. Los sistemas de rastreo GPS existen desde hace décadas y funcionan en cualquier lugar del planeta donde haya cielo despejado, que en una mina a cielo abierto es básicamente siempre. El problema era la comunicación, cómo sacar esos datos de ubicación desde un rajo minero en medio del desierto hasta un centro de control donde alguien pudiera hacer algo con ellos. La cobertura celular en la región de Antofagasta termina en los límites de las ciudades y los campamentos principales, y las faenas están a veces a 50 o 100 kilómetros de cualquier antena. Durante años la única opción era satelital, que funcionaba pero con costos de transmisión que hacían poco práctico el monitoreo en tiempo real. Un ping de ubicación cada 15 minutos era lo normal, a veces cada hora.
Rodrigo Sepúlveda, que trabaja en gestión de equipos para una operación de cobre en la zona de Calama, me contó que el cambio empezó a notarse en serio a mediados de 2024. Starlink había empezado a ofrecer cobertura en la región un par de años antes, pero las mineras tardaron en adoptarlo porque los equipos no estaban diseñados para ambientes con tanto polvo y vibración, y porque nadie quería ser el primero en probar algo nuevo en máquinas que cuestan lo que cuesta un departamento en Las Condes. Pero una vez que algunas operaciones empezaron a instalar terminales Starlink en puntos fijos dentro de las faenas y a usarlos como repetidores para los datos telemáticos, el costo de transmisión se desplomó y de pronto tenías visibilidad casi en tiempo real sobre equipos que antes reportaban posición una vez por hora.

Lo que cambió no fue solo la frecuencia de los datos sino lo que podías hacer con ellos. Con un ping cada hora sabías más o menos dónde había terminado cada turno, pero no podías optimizar rutas en vivo ni detectar si un camión estaba parado demasiado tiempo en un punto de carga. Ahora las operaciones más avanzadas tienen datos cada 10 o 15 segundos, suficiente para ver patrones de conducción, tiempos muertos, consumo de combustible por tramo. Un supervisor en una sala de control en Antofagasta puede ver exactamente qué está haciendo cada uno de los 40 o 50 camiones de extracción en una faena que está a dos horas de distancia por camino de tierra.
La ironía que varios en la industria mencionan es que la tecnología base es esencialmente la misma que usa una empresa de courier para rastrear sus furgonetas en Santiago. Un módulo GPS, una conexión de datos, una plataforma de visualización. Las diferencias están en los detalles de implementación, en cómo proteges el hardware del polvo y las vibraciones, en cómo lo alimentas eléctricamente en un vehículo que tiene sistemas de 24 voltios en lugar de 12, en cómo integras los datos con los sistemas de despacho minero que ya existen. Pero el principio es idéntico, y algunas mineras han descubierto que pueden usar plataformas de gestión de flotas comerciales con modificaciones menores en lugar de sistemas propietarios que cuestan cinco veces más.
Un técnico de flotas en gpswox.com me comentó que han visto un aumento en consultas desde el sector minero chileno en los últimos 18 meses, principalmente de operaciones medianas que no tienen el presupuesto de las grandes multinacionales pero que manejan flotas de 20 o 30 equipos pesados y quieren el mismo nivel de visibilidad. El desafío técnico no es el rastreo en sí sino la integración con los sistemas existentes y la confiabilidad en condiciones extremas, temperaturas que pueden superar los 40 grados en verano y bajar de cero en las noches de invierno, polvo constante, vibraciones que aflojan cualquier cosa que no esté soldada.
Los números que manejan las mineras para justificar la inversión son bastante directos. Un camión 797 quemando combustible mientras espera en una cola de carga representa un costo de quizás 800 o 900 dólares por hora entre diesel, desgaste y productividad perdida. Si el sistema telemático te permite reducir los tiempos de espera en un 10% redistribuyendo mejor los camiones entre los puntos de carga, en una operación con 40 camiones trabajando 20 horas al día estás hablando de ahorros que pueden superar el millón de dólares al año solo en ese concepto. El costo del sistema de rastreo, incluyendo hardware, conectividad y plataforma, es una fracción de eso.
Pero no todas las operaciones han hecho la transición. Sepúlveda estima que quizás la mitad de las faenas medianas en la región todavía operan con sistemas antiguos de reporte satelital cada hora, o incluso con control manual donde el despachador se comunica por radio con cada operador para saber dónde está. Las razones varían, a veces es resistencia al cambio de supervisores que llevan 20 años haciendo las cosas de cierta manera, a veces es que la inversión inicial parece alta cuando no has calculado bien cuánto estás perdiendo en ineficiencias, a veces es simplemente que nadie ha tenido tiempo de evaluar opciones porque están ocupados manteniendo la producción.
Lo que sí ha cambiado es la expectativa. Hace cinco años un gerente de operaciones podía argumentar que el rastreo en tiempo real era un lujo innecesario para equipos que se mueven dentro de un perímetro controlado. Ahora eso es más difícil de sostener cuando la competencia está optimizando sus ciclos de carga con datos que actualizan cada 15 segundos y tú sigues mandando a alguien en camioneta a ver por qué el camión número 23 no aparece en el punto de descarga.
La expansión de Starlink resolvió el problema de conectividad pero creó otros. Las faenas ahora tienen que gestionar infraestructura de comunicaciones que antes no existía, decidir dónde poner los terminales, cómo protegerlos, quién los mantiene. Y está la cuestión de la dependencia de un proveedor extranjero para infraestructura crítica, algo que a algunas operaciones les preocupa aunque por ahora no hay alternativas comparables en costo y cobertura.
Un ingeniero de mantenimiento en una faena cerca de Sierra Gorda me dijo que el sistema de rastreo les había permitido detectar un problema mecánico en uno de los camiones antes de que se convirtiera en una falla mayor. El patrón de movimiento mostraba que el camión estaba haciendo las subidas más lento que los demás, algo que el operador no había reportado porque la diferencia era gradual y él se había acostumbrado. Cuando lo revisaron encontraron un problema en el sistema hidráulico que habría costado tres veces más reparar si hubiera fallado completamente en medio de un turno. Ese tipo de detección predictiva es lo que justifica la inversión para muchos, más que la simple ubicación.
Las mineras más grandes, las que operan las faenas de Escondida o Chuquicamata, tienen sistemas propietarios que van mucho más allá del rastreo GPS, con sensores que monitorean temperatura de motor, presión de neumáticos, carga útil en tiempo real. Pero el principio sigue siendo el mismo, saber dónde está cada equipo y qué está haciendo en cada momento. La diferencia es que ahora esa capacidad está al alcance de operaciones que hace cinco años no podían justificar el costo.
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