Fuente Semanario Tribuna 10-10-2020

El bloque de Cambiemos mostró otra vez el rastro de alguna grieta. La sesión frustrada del lunes fue, para el presidente Raúl Paz, una nueva zancadilla que no lo hizo caer pero sí trastabillar. Se hizo visible que cada vez se notan más estos espaciados tironeos en el Concejo. El primer capítulo de esta novela de “fuego amigo” se vio hace un par de semanas, cuando el presidente acabó votando y después tuvo que corregir su elección, poniendo de manifiesto en pleno recinto que las desinteligencias eran más que un simple enredo comunicacional. Lo que se insinuó entonces fue que ese tropezón no era un descuido, sino la advertencia de un bloque que no duda en marcarle la cancha a un presidente que a veces -han dicho- por exceso de personalismo, asume posiciones inconsultas que generan molestias entre algunos ediles.

Raúl Paz tuvo que echarse atrás nuevamente y terminar aceptando con poco entusiasmo el pedido de un bloque que por un lado le dice que todo está bien, pero por el otro, avisa que no va a dejar que él se adueñe del tono y el rumbo de la bancada. Esta vez quedó pedaleando en el aire al dar a conocer el viernes a la noche que, como Sandra Gallardo se había hecho un hisopado y aún no tenía el resultado, lo más saludable era suspender una sesión que no tenía un temario importante.

No fue una resolución tomada absolutamente en forma personal, aunque es bueno recordar que tiene facultades para decidir suspender una sesión sin necesidad de tener que consultar a los bloques. Ya había anticipado esa posibilidad a la bancada oficial y había cambiado ideas con los opositores, siendo bien recibida, según trascendió, en los dos justicialismos, su idea de poder achicar el riesgo en un momento donde la pandemia no afloja.

Pero el sábado a la mañana integrantes de su bancada le transmitieron su disconformidad, por cuestiones de forma y de fondo: de fondo, porque no querían que la opinión pública crea que, ante riesgos sólo potenciales, el recinto decida encerrarse, sobre todo si la gente considera que los ediles se encuentran esporádicamente y en cambio en el Ejecutivo la labor es constante; y de forma, porque el presidente no puede tomar estas decisiones de manera inconsulta.

Ese reclamo los convenció a Paz, quien acabó convocando a sesionar el lunes, ignorando qué harían los bloques justicialistas. Arias le había adelantado que sus dos compañeros de bancada son personas de riesgo y el bloque de Raitelli, con un cuadro febril en casa y la situación de Sandra en suspenso, también prefería hacer un paréntesis. Pero no había nada firme.

Pero fue su propio bloque el que forzó al presidente del cuerpo a tener que rebobinar y corregirse. Una paradoja que sólo se explica en ese marco de resquemores y pequeños rasguños. El lunes, el panorama se presentaba incierto. Si la bancada oficial concurría a pleno, se garantizaba el quórum. Pero al final, la sesión -convocada, suspendida, reconvocada y al final abortada- quedó como una anécdota cargada de suposiciones. No hubo quórum porque faltó Graciela Neira, primera espada de Paz, una ausencia que terminó agregando más interrogantes a un cuadro se situación que despertó preguntas sugestivas en más de un observador.

¿Paz se sacó el gusto de pagarle al bloque con la misma moneda? Eso dicen los que quieren avivar el fuego ¿O como nadie sabía qué conducta seguiría el justicialismo, entonces lo de Neira fue una casualidad que al final los rumores la cargaron de diversos significados? Lo que es indudable, es que a esta altura el bloque, cuando puede, se encarga de hacerle saber al presidente que en un cuerpo colegiado las decisiones deben surgir de acuerdos y no de arranques personales. Paz explicó que si fuera por un exceso de individualismo, hubiera hecho valer sus facultades y no hubiera decidido volver atrás. Y del otro lado criticaron a Neira, que al final fue la que impidió la sesión. ¿La llamaron? ¿Muy sobre la hora? ¿Estaba haciendo un Zoom en su carácter de profesora universitaria? Son preguntas que se pierden en las entrelineas de un suceso que es más una señal que un enfrentamiento.

¿Hay algo más detrás de todo esto o es una simple cuestión de procedimientos? Los que han seguido de cerca el humor del recinto, vislumbran que en algunos temas la mayoría de los integrantes del bloque recibe letra y música de un poder central que pide diferenciarse claramente de los bloques del PJ, poniendo a los conciliadores de un lado y en el otro a Arias, el adversario elegido y reelegido. Muchos creen que las figuras de Paz y Cappelletti, que se han venido complementando con éxito, algunas veces como es lógico corren por senderos que no los enfrentan pero los separan. El objetivo siempre los une, pero el accionar a veces los diferencia.

Más negociador uno, más avasallante el otro, hay algo que los distancia: para Cappelletti, la lucha contra Arias es parte de su estrategia política. Para Paz, no. Teme que el plan de llevar al extremo la pretensión de poner de rodillas a un adversario (le pasó al macrismo con Cristina) al final pueda ser un boomerang que sin querer lo acaba ayudando a mantenerlo siempre en escena y como supuesta víctima. Para Cappelletti, dicen sus cuadros más próximos, la batalla contra Arias es una guerra sin cuartel y en esa inteligencia ha persuadido a su tropa -en el Ejecutivo y en el Concejo- a no dejar pasar ninguna oportunidad de recordarle al ex intendente sus causas pendientes en la justicia. Del otro lado -es un sector mucho menos importante en número y poder- aparece una línea más contemplativa que saca del centro de la escena a Gastón para poder invertir esas energías en otras cuestiones.

El esquema ha venido funcionando bien, con algunos previsibles rasguños. Sólo en el recinto y de vez en cuando se producen desacoples que dejan ver estas diferencias. El presidente debe haber tomado nota que no siempre cuenta con el apoyo de un bloque que en su mayoría ha sabido responder a la estrategia de un intendente que con su estilo, tal como han mostrado las urnas, ha logrado recuperar el municipio hace cinco años y revalidar su poder un año atrás, un dato que en política es un logro excluyente. La frustrada sesión al final potenció todos los recelos. Los que estuvieron en el recinto, dicen que Paz no mostró ningún desagrado cuando tuvo que comunicar que no se podía sesionar, agradeciendo tal vez en voz baja a una bancada peronista que, aún dividida, había hecho causa común frente a un coronavirus siempre al acecho.

Se sabe que Paz y Cappelletti volvieron a conversar esta semana. Que la relación entre ellos -según lo comentado- no ha sufrido mella. Al contrario. Paz habría aprovechado la oportunidad para hacerle saber sus molestias por las gambetas de un bloque que cada tanto lo deja muy expuesto ante la opinión pública. Desde el otro lado parecen reclamarle que se abstenga de cortarse solo y que no exagere su rol componedor para dejar mal parado a la línea más combativa de la bancada oficial. Son puntos de vista. Cappelletti trató de enfriar las cosas y no le dio mayor entidad a este traspié. Y la realidad de alguna manera mostró que, en temas más relevantes, la unidad de la UCR está firme: se formó una sola lista para conducir el comité y se eligió a Raúl Paz en un puesto clave, como el de convencional provincial, una designación que es una forma de reconocimiento.

Paz ha comentado que en este caso lo respaldaron más los justicialistas que sus correligionarios. Sin querer termina honrando las expresiones de aquel general español que, por dudar tanto de la lealtad de los suyos, dejó una frase para la historia: “¡cuerpo a tierra que vienen los nuestros!”.

Fuente Semanario Tribuna 10-10-2020


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