Sigamos ideas

Por Araceli Sívori

Quienes desde la recuperación democrática tomamos la decisión de afiliarnos, adherir y militar en un partido político estamos viviendo una situación de ruptura con ciertas nociones que traíamos y que la política actual nos pone a repensar.

Sabiendo de que la Constitución Nacional reconoce que los partidos políticos son instituciones fundamentales para la democracia, muchos nos hemos embarcado en participar desde un partido con la convicción de compartir las ideas y valores que desde esa institución se transmite. Ahora bien, este modelo de partidos tradicionales que conocimos entro en crisis, en principio porque las estructuras partidarias han roto el lazo social que los unía con sus afiliados, adherentes y con la porción de la sociedad a la que representaba. En momentos de cierta crisis de representatividad, los partidos quedaron lejos de la contención que la sociedad necesitaba y se buscó en nuevas formas y nuevos espacios aquél sustento necesario.

Particularmente, hablando de la UCR, partido al que soy afiliada, el desfasaje entre lo que uno entiende que es el ideario radical y la situación actual es notorio. La estructura partidaria quebrantó el lazo con el afiliado. Y no una, sino dos veces: en principio (y lo que es más grave) desde lo ideológico; en segundo lugar, incumpliendo lo pactado al momento de ingresar en la coalición electoral.

En lo que respecta a lo ideológico, es una ruptura insalvable haciendo una alianza electoral con los sectores que históricamente estuvieron enfrentados a los intereses del pueblo. Y ha generado renunciamientos históricos a banderas que con orgullo hemos defendido los radicales. Basta con mirar la política de derechos humanos de Alfonsín o la política petrolera de Illía para saber que los radicales no podemos estar en la vereda de los intereses de las élites.

Por el lado del incumplimiento de lo pactado, quienes ostentan cargos en el partido no son la voz disonante dentro de Cambiemos, sino que con silencio que tiene más de cómplice que de responsable hace caso omiso a los errores de gobierno y juega un papel legitimador insostenible.

Creo que es necesario que discutamos sin hipocresía el rumbo actual de este Gobierno. Las decisiones que toma, bien lejos están de ser las necesarias, sino que claramente tienen que ver con un carácter ideológico que no comparto. Ni desde lo social, ni desde lo laboral, ni en su política minera, ni con las tarifas, ni la quita a los jubilados, ni tampoco como se piensa la redistribución del ingreso. Tampoco desde sus formas, que desde el relato no distan mucho de lo que era el Gobierno anterior. Son varias las políticas de Gobierno en las que creo estar en las antípodas y eso no me transforma en golpista, sino en una militante que cree que el Estado debe cumplir otro rol.

Hoy por hoy, la certeza de que son las ideas y las convicciones las que mueven al ser humano, nos pone a muchos radicales ante necesidad de encontrar un refugio ideológico entre los que pensamos parecido. La coherencia es un activo político que no debe entregarse al mejor postor o al que te acerca a una cuota de poder. La política como herramienta de la vocación transformadora se encuentra en las ideas y no en las estructuras.

Habremos de comenzar un nuevo camino donde el radicalismo se expanda como idea, bien al lado de las causas justas y de los intereses de los desposeídos, con sentido humanista y con la ética de la solidaridad como faro.

Por Araceli Sívori

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