El 25 de mayo, en las redes sociales de este espacio comunitario publicaron un video donde Carmen Lezcano, su dueña, pidió la colaboración de la comunidad debido a que el mismo se encuentra nuevamente en una situación vulnerable. Por este motivo, desde InfoBrandsen nos acercamos y entrevistamos a Carmen para que nos pueda dar más detalles de la situación actual del comedor.

Cómo se originó La Tapera

Lezcano contó que durante su juventud fue víctima de violencia hasta que logró huir de esa relación junto a su hija: «En mi caso trabajé, tenía mis cosas, mi hija estaba bien, estudiaba; yo prioricé la salud de mi hija«. Debido a las leyes de aquel entonces, esperó a que su hija tenga 18 años y juntas vinieron a la ciudad: «Me salvé del demonio, Dios me dió otra oportunidad». Sin embargo, al llegar pasaron una situación complicada e incluso debió juntar comida de la basura para poder comer.

«Tener el comedor para mi fue un regalo de Dios», alegó. Además dijo que se siente agradecida con Brandsen y se siente homenajeada ya que cuando va caminando por la calle las personas la saludan y la reconocen.

Durante el reportaje, la entrevistada nos contó que desde aquel video publicado en 2024 recibieron mucha ayuda y que con el tiempo esta disminuyó bastante: «Quedaron varias personas de esa ayuda. Zulma vive en el barrio Los Bosquecitos y me ayuda todos los meses desde la pandemia; también otras empresas que no quieren que los nombre; me preguntan qué necesito y me ayudan. Cristian y su esposa Diana, que viven en Quilmes, me colaboran todos los meses para que compre lo que necesite o que tenga que pagar».

Qué significa el comedor para su dueña

Carmen expresó que siente felicidad por encontrarse con gente maravillosa a través del comedor: «Yo no hago negocio, eso quiero que la gente entienda. Yo pasé mucho hambre, mucha necesidad. Acá pasa el que quiera, mientras respete el espacio, yo no tengo historia la gente dona para eso». Agregó que las donaciones son equitativas y no deja que algunas personas se lleven más que otras, para evitar desigualdad.

«Cuando vos das algo lo tenés que dar con cariño, cuando uno da las cosas con amor, te garantizo que se siente en el corazón, te vas a dormir bien. Las cosas te vuelven», expresó con emoción y sumó que cuando ayuda a alguien y le da algo que le falta, después recibe lo mismo. Contó que Valerio y su esposa, quienes le donan verduras, un día le trajeron una máquina para hacer fideos que le facilita mucho el trabajo diario: «Monetariamente es importante, pero el gesto, ellos saben que la voy a usar».

Más allá de esto, dentro del espacio se cumplen ciertas reglas de convivencia como hablar bien, sentarse de manera correcta en la mesa, no usar la gorra mientras se sientan en la mesa, tener remera puesta al ingresar, entre otros. La dueña contó que uno de los chicos le dijo que ella los crió, les dio amor, y eso la emociona: «Pregunto, y esa pregunta para ellos vale más que un «te quiero», cuentan conmigo como yo cuento con ellos».

Una problemática con la que se encuentra a menudo es la droga. Ella habla con los chicos sobre el consumo e intenta hacerlos entender, y en el caso de que hagan las cosas mal los reta: «Yo trato lo que más puedo y por eso vuelven. Los reto, los he llegado a echar y vuelven porque necesitan límites». También declaró que los cuida porque los quiere y que si le pasa algo a alguno de ellos, ella sufre.

Pedido de ayuda

Respecto al video publicado esta semana, detalló que precisa elementos no perecederos para poder cocinarle a los chicos: «Necesito hacer comida abundante porque no comen un plato, comen tres. Hasta que no se termine la olla no se van». Por otro lado aclaró que no recibe ayuda de la política, ya sea municipal, provincial o nacional. «Esto se mantiene gracias a la donación de gente anónima y de mi trabajo, porque yo vivo laburando, no descanso para nada», aseguró.

En cuanto al mantenimiento del lugar y las cuentas, dijo que debe pagarlas ella. Contó que en un momento iban a poner la luz como municipal, pero al final fue un trámite que no llevaron a cabo en ninguno de los mandatos: «Yo no lo puedo costear, el mes pasado me cortaron la luz porque me atrasé en dos boletas». La deuda que debe pagar es de $754.000 de luz, para la cual acordó un plan de pago pero le cuesta llevarlo adelante.


Por otro lado, cualquier problema, rotura o mantenimiento que necesita cubrirse en el comedor debe pagarle a alguien que haga el trabajo y es algo costoso: «Yo no puedo subirme al techo a poner membrana, no puedo trasplantar los árboles, ponerme a puntear. La fuerza bruta la hace otra persona». Carmen dijo que cualquier persona que quiera colaborar con eso también es bienvenida: «Fantástico, mucha gente se ofrece pero todo el mundo está ocupado».

En el comedor también tiene animales rescatados. Todos ellos están castrados, pero también la ayudan aportando comida para los perros y gatos. Sin embargo, en caso de que alguno de ellos se enferme, necesita pedirle ayuda a alguien para transportarse hasta la veterinaria y además debe cubrir el costo del tratamiento.

Productos que ofrecen en el comedor

En este espacio comunitario cuentan con distintos productos que venden para quienes quieran colaborar. Todo lo que se recauda es a beneficio del comedor.

Por un lado tienen colmenas de abejas y venden la miel que éstas producen: «No la saco yo, viene la gente que me trajo las colmenas y le sacan la miel». Además, tienen producción de frutas con las cuales Carmen produce algunos dulces.

Otro proyecto que la entrevistada lleva adelante es el vivero: «Armamos bien el vivero, lo hicimos adentro. Eso lo hago yo, armamos los plantines».

Una propuesta que La Tapera trae para los fines de semana son pastas frescas: «Va a haber sorrentinos y canelones a la rossini, con salsa filetto, blanca».

MIRÁ EL REPORTAJE COMPLETO


Por Rocío García Beconi


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