Por Alejandro Castañeda Zazzali

El papel de los médicos terapistas fue, siempre, crucial y estresante; pero tal vez nunca como en estos momentos en donde, según dijo el coordinador del servicio de Terapia Intensiva del Hospital, Gabriel Latorre, “pasamos a casi quintuplicar la cantidad de pacientes que vemos por día”.

Gabriel, de 47 años, es, según se define, mitad platense mitad entrerriano; “y adopté Brandsen como mi otra casa desde que empecé a trabajar en el Hospital, hace ya 10 años”, recuerda; vino para cubrir a una compañera una guardia y desde ese momento “decidí quedarme y ponerme la camiseta del Hospital”, afirmó.

“La verdad que estamos todos muy cansados, no sólo los terapistas. En mi caso, hace dos años que no tengo vacaciones y encima vivimos renegando porque los recursos con los que contamos no alcanzan. En ningún lado se estaba preparado para una pandemia de estas dimensiones; muchos pensaron que no iba a llegar acá, pero llegó y fue más de lo q se esperaba”, confesó en charla telefónica Gabriel, quien además trabaja en Swiss Medical, el Hospital Santojanni, el Sanatorio de la Trinidad y es médico aeroevacuador.



OLAS

Según su percepción “la primera ola no fue tan dura en algunos lugares como sí lo fue la segunda; yo tuve la experiencia en 2009 de la gripe N1H1, la llamada gripe porcina, que también fue dura pero fueron dos meses los verdaderamente complicados; acá llevamos dos años y no sabemos ni siquiera si va a venir una tercera ola”, manifestó y agregó que “ahora empezó a bajar la curva por la vacunación y muchas cosas que se hacen ahora se tendrían que haber hecho el año pasado”.

Padre de tres hijos en edad escolar, la rutina de horarios de Gabriel y los suyos se vio bruscamente modificada; “al principio casi no iba a casa, o si iba, aún activando todos los protocolos tenía miedo de contagiar a mis hijos”, destacó, y dijo que durante un tiempo su hijo más pequeño, Felipe, le negó el saludo “porque iba muy poco a casa y cuando iba, los chicos corrían a abrazarme pero aún cumpliendo todos los protocolos, siempre tenía la sensación de miedo porque estoy todo el tiempo trabajando con el virus y puedo ser portador en todo momento”.

Los cuidados, extremos, y los tiempos, acotados. Así es la rutina de vida de Gabriel desde que esta pandemia llegó para quedarse; “nunca relajás. Es algo constante y desgastante; de cerca de 15 pacientes que veía por día, llegué a ver más de 60”, admitió.

Por ejemplo, durante mucho tiempo Gabriel estuvo viviendo en un departamento que tiene “porque trataba de no estar en casa para no llevar el virus; y conozco muchos compañeros que directamente tuvieron que alquilar departamentos por el mismo motivo”, dijo, y puso como ejemplo de su aislamiento el festejo del Día de la Madre; “me tuve que hisopar por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y como me dio negativo, aproveché para verla. Pero desde que arrancó la pandemia no la vi más que ese día”.

BOMBA BIOLÓGICA

“Mi vida se resume en ir de mi casa a alguno de los 5 trabajos que tengo, de los trabajos a mi casa y cada tanto alguna charla; no tengo tiempo para otra cosa, independientemente de los cuidados que pueda tener para no ver amigos. No tengo tiempo”, remarca Gabriel, que define a los médicos terapistas como “una bomba biológica”.

Hubo, en este año y medio que vamos de pandemia, aislamiento, miedo y angustia, “semanas durísimas en canto a cantidad de gente que hubo que ventilar y mucha gente que falleció sin poderse despedir de sus seres queridos. Es muy duro cuando ves gente que muere sola o acompañada por médicos o enfermeros; esas miradas de tristeza y soledad quedarán en mi retina por mucho tiempo. Afectivamente es un golpe muy fuerte porque hemos visto morir mucha gente y es algo hasta frustrante para nosotros”, afirmó sin dudarlo.

Con todo esto, Gabriel se animó a afirmar que “creo que después de que pase esto, no van a quedar médicos terapistas y se vendrán muchas renuncias en el sistema de salud por lo que hablamos con otro colegas en un grupo de Whatsapp en el que estoy”.

PASTILLAS

Gabriel recuerda que fueron apenas 3 ó 4 las noches que pudo dormir de corrido desde que empezó la pandemia; “y cada vez que eso pasaba, intentaba recordar que había hecho el día anterior para repetirlo tal cual a ver si podía volver a dormir de corrido. Si no, lo normal es que me despierte 4 ó 5 veces por noche”, manifestó.

De todas formas, no fueron muchas las veces que recurrió a las pastillas para dormir “porque las pocas veces que tomé, no me hicieron efecto alguno”, aseguró.

Es que, a todas las situaciones de por sí estresantes a las que se someten a diario los médicos terapistas por su profesión, “tenemos que lidiar permanentemente con la falta de recursos, y la verdad que no estamos bien pagos. Pero de todas formas, pese a todo, nos ponemos la camiseta de cada lugar en donde trabajamos por más recursos que falten y tenemos un gran sentido de pertenencia; eso me pasó en Brandsen”, admitió, orgulloso de su equipo de trabajo y del empeño y compromiso con el que asume su tarea.


“El año pasado se nos fueron 4 terapistas con la pandemia y quedamos con Federico Salazar haciendo frente a todo; ahora por suerte fuimos convenciendo a colegas y amigos que llegaron y también se brindaron por completo a la actividad de manera absoluta. Estamos orgullosos del nivel humano de nuestros profesionales”, sentenció.

BURNOUT

Una investigación de la Universidad Siglo 21 evaluó cómo está afectando la pandemia a los trabajadores del país. En comparación con el año pasado, ya se registra un aumento del 5% del agotamiento por Burnout, también conocido como Síndrome de Estrés Laboral Crónico. A su vez, incrementó la tendencia a la depresión y ansiedad. Entre las problemáticas relevadas se destacan el conflicto familia-trabajo, pertenencia, desinterés y desconexión.

El Síndrome de Burnout se caracteriza por dos síntomas: altos niveles de agotamiento y de cinismo. Al evaluar el primero, el 48% indica que “siempre o casi siempre” le resulta difícil relajarse luego de una jornada laboral. Al 36% cada vez le cuesta más comenzar a trabajar y el 38% se encuentra tan cansado que no puede dedicarse a otras cosas después de finalizar su jornada. Además del agotamiento, el estrés crónico genera el mencionado “cinismo” frente a las tareas laborales, un estado psicológico caracterizado por una falta de interés e identificación con su actividad. De esta manera, el 26% se siente menos involucrado, el 27% duda que contribuya en algo interesante y el 21% siente que ha perdido interés.



De todas formas, consultado acerca de esto, Gabriel destacó que “no lo he sufrido porque si bien tengo mucho trabajo todo el tiempo, por mi forma de ser no me permito deprimirme y le doy siempre para adelante. En este sentido, para alivianar nuestra tarea, hay que destacar que el nivel de enfermería aumentó mucho en este último tiempo y específicamente en Brandsen es muy bueno y están todos a la altura de las demandas y hay mucho compañerismo”.

No se anima Gabriel a pensar su vida post pandemia; “todavía estamos en pleno combate –admite-. Todo pasa por algo y de todo tenemos que sacar alguna enseñanza. En algún momento se va a tener que plantear una política inteligente porque ya estamos cerca de los 100 mil muertos y es una locura, sin contar la cantidad de gente que se fundió o perdió su trabajo. Nadie sabe cómo sigue esto”, finalizó, preocupado y comprometido.

Por Alejandro Castañeda Zazzali


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