Hace diez meses Cristian fue parte de un accidente que le cambió la vida. A partir de ese momento tuvo que aprender desde cero cosas de la rutina diaria como hablar, escribir o bañarse. A poco tiempo de cumplirse un año de lo sucedido, lo entrevistamos para que nos relate cómo atravesó las internaciones; cuál fue el rol de sus padres y su hermana; y cómo es su día a día actualmente.

El entrevistado enfrentó tres internaciones diferentes. En un principio fue ingresado y posteriormente estabilizado en el Hospital Cuenca Alta Néstor Kirchner, después fue trasladado al nosocomio local donde permaneció tan solo cinco días, y finalmente fue trasladado a un instituto de rehabilitación donde permaneció dos meses. «Fueron meses muy traumáticos, más que nada desde lo mental. La semana que estuve en Brandsen no dormía y pensaba que me moría», explicó.
Durante la internación Cristian sentía que todo era parte de un sueño, y que a gente que lo rodeaba se metía en ellos: «No sabía bien qué es lo que estaba pasando, no sabía ni por qué estaba internado». El 16 de noviembre del año pasado fue su cumpleaños y su familia decidió hacerle una fiesta sorpresa; él creyó que su entorno festejaba por algún motivo que desconocía. «Lo pasé mal después de enterarme de todo; la pasé mal desde lo mental, desde todo, quería socializar», detalló.
Sin embargo, en medio del caos su familia fue el motor principal por el cual Rodas pudo salir adelante:»Gracias al apoyo de mi familia, de mis viejos que siempre estuvieron ahí, me hicieron ver que la vida es linda. Yo pensaba que era gris, que era oscura. Ahí entendí que el porqué, sino para qué. Eso fue lo que me llevó a mantenerme fuerte». Durante la charla el entrevistado remarcó que su hermana para él lo es todo, y que también se mantuvo firme junto a él y sus padres durante todo su trayecto hasta el día de hoy: «A mi hermana le damos con todo mi corazón, siempre estuvo ahí».
Desde el 23 de diciembre hasta el 5 de enero pudo estar en su casa con su familia para las fiestas. Esa fue la primera vez que Cristian pudo bañarse parado tras el accidente: «Para mí fue hermoso». Más allá del festejo por navidad y año nuevo, también pudo festejar el cumpleaños de su papá con él. «La pasé con ellos, la pasé con mis amigos; estaba todo el tiempo con gente y para mi viejo fue un orgullo verme ahí. Para mí también fue un orgullo, como diciendo ´pude salir´; de repente pasaban todas cosas lindas», contó.
«Mi objetivo es volver a caminar normal, tengo dificultad en la parte derecha de todo el cuerpo, del corazón también. Antes no movía la mano derecha, recién ahora con pequeños movimientos la muevo, pero con dificultad», alegó sobre su proceso de rehabilitación. Actualmente su objetivo también es volver a trotar y volver a correr, y dice que está haciendo todo lo posible. «Si yo vuelvo a correr después voy a querer jugar al fútbol», reconoció y sumó que siempre va a querer ir por más objetivos cumplidos.
Aunque no tenga que hacer grandes adaptaciones en su vida diaria, Cristian trabaja como entrenador de arqueros y actualmente no puede patear. Por otro lado, nos contó que tampoco puede llevar adelante actividades que lo estresen mucho y poco a poco fue recuperando su capacidad para poder retener información ya que otras de las consecuencias que trajo el accidente fue la dificultad en la memoria. Hoy hace natación, pilates y gimnasio para recuperar toda la fuerza que perdió durante el accidente, lo cual también le trajo aparejado un descenso superior a 10 kilos y el acortamiento del tórax.
El 12 de enero le dieron el alta definitiva y eso lo hizo sentir orgullo. Según expresó, esta situación también le hizo entender que no hay que bajar los brazos: «Uno a veces se hace problemas por cuestiones de la vida y se hace la cabeza por cosas que no valen la pena. Mis amigos y mi familia, más que nada, estuvieron siempre conmigo. Me iban a ver al hospital, a Cañuelas, a La Plata. Yo sin ellos no sería nada».
En cierto momento Rodas explicó que sentía que sus amigos estaban por obligación y que realmente no lo querían. Independientemente de sus pensamientos, rápidamente pudo comprender que ellos estuvieron ahí porque querían sostenerlo para que salga adelante y se supere: «Ahí me di cuenta que tengo unos amigos que son de oro, son contados con las manos pero son de oro. Por ellos dejaría todo, igual que por mi familia».
Algo que para él significó mucho durante la recuperación fue ser independiente de nuevo: «Me siento un poco más aliviado, más suelto. Tengo la oportunidad de ir a los clubes, estoy con amigos; trabajo con mi tío también, extrañaba un montón ese ambiente». También le preguntamos qué aspectos positivos se lleva de todo lo que vivió, y su respuesta fue que ahora siente que ante la mínima cosa que le suceda tanto a él como a su entorno, intenta ayudar para que no se haga la cabeza porque hay cosas peores: «Vi gente muriendo al lado mío, es feo vivir esas cosas, realmente es feo».
Para cerrar la entrevista le pedimos que nos cuente qué le diría a alguien que hoy está viviendo lo que él vivió en su momento:«Que no baje los brazos, que busque a Dios, que ore por las noches. Lo que también me mantuvo fuerte, bien, era que todas las noches oraba, creo en Dios. Entonces oraba todos los días, todas las noches; que se aferre a Dios, que es lo único que te puede sacar adelante».
Por Rocío García Beconi
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