Los especialistas destacan la importancia de realizarse controles periódicos debido a que más de 4 millones de argentinos tienen Enfermedad Renal Crónica, pero solo el 10% de quienes la padecen lo sabe.

Más de 4 millones de personas que tienen algún grado de Enfermedad Renal Crónica (ERC) en Argentina, según las estadísticas de la Sociedad Argentina de Nefrología (SAN), pero solo el 10% lo sabe debido a que, en sus primeras etapas, es una patología que prácticamente no genera síntomas.

En el marco del Día Mundial del Riñón, los especialistas dicen que esta ya no es excusa para no diagnosticar la ERC a tiempo, ya que confirmar si una persona está en esta «situación» renal no requiere más que un simple análisis de laboratorio y la diferencia entre tener o no un diagnóstico no es menor, ya que, el abordaje temprano y el seguimiento oportuno ofrecen muchas más posibilidades de reducción de complicaciones y mejor calidad de vida.

Los riñones cumplen una función esencial para nuestro organismo, ya que, movilizan desechos producidos por el cuerpo (toxinas) que se filtran desde la sangre y se eliminan a través de la orina, mientras que, además, regulan la presión arterial, eliminan el exceso de líquido y electrolitos y generan hormonas esenciales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

La Enfermedad Renal Crónica es la presencia de daño renal por un período mayor a 3 meses. Eso se evidencia analizando las alteraciones de la función renal o cuando dos análisis, separados por tres meses, detectan alteraciones de los denominados «marcadores» de daño renal”.

Los datos locales más confiables surgen de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, realizada por el Ministerio de Salud de la Argentina. Este estudio determinó que la prevalencia actual de la ERC es del 12,7% de la población total. Para entender mejor este número: eso significa que 1 de cada 8 personas que nos rodea tiene esta enfermedad relacionada con el mal funcionamiento de los riñones.

Frente a este panorama, en los últimos años la investigación médica logró avances significativos. Así, de acuerdo a una publicación de la SAN, los progresos en la ciencia «lograron frenar –en forma significativa– la progresión de la ERC y, de esa manera, también se ha conseguido reducir la incidencia de las complicaciones que esta patología puede provocar con su evolución a lo largo del tiempo» explicó Carlos A. Bonanno, presidente de la entidad.

Estos avances también permiten mitigar las complicaciones usuales que esta patología suele traer asociada como la aparición de enfermedades cardiovasculares. Por eso mismo, y bajo el lema “Unidos por la Salud Renal”, la campaña de la SAN para el corriente año se fijó como objetivo trabajar sobre potenciar la igualdad en el acceso a los avances de la ciencia. Y lo que se busca activamente es fomentar estrategias de colaboración que permitan mejorar el acceso y la disponibilidad de los avances de la ciencia, en forma oportuna, para todas las personas que tienen ERC.

Las 8 reglas de oro para cuidar la salud renal

El objetivo central de toda campaña de concientización es la prevención de la patología, algo que es posible si se adoptan unos pocos y simples hábitos de vida saludable. Los nefrólogos hablan de ocho «reglas de oro» que marcan el rumbo hacia una buena salud renal:

  1. Controlarse regularmente la presión arterial. Es una de las causas más frecuentes que alteran el funcionamiento de los riñones.
  2. Observar el nivel de azúcar en sangre. Es la primera causa de desarrollo de deterioro renal. Es importante que las personas con diabetes se realicen exámenes de monitoreo de su función renal al menos una vez al año.
  3. Seguir una alimentación saludable, rica en vegetales y controlar el peso corporal, tratando de mantenerlo en parámetros adecuados. Es clave el consumo de sal. La ingesta de sodio recomendada por la Organización Mundial de la Salud es de 5 a 6 gramos de sal por día.
  4. Mantenerse hidratado. El consumo de agua debe ser de alrededor de 1.5 o 2 litros diarios.
  5. Realizar actividad física de forma habitual para estar activo y en un peso adecuado. El ejercicio ayuda a reducir la presión arterial y, por lo tanto, reduce el riesgo de ERC.
  6. No fumar. El tabaquismo altera la circulación y puede afectar la función renal.
  7. No recurrir a fármacos que puedan dañar los riñones (no automedicarse).
  8. Realizarse chequeos de rutina en forma periódica.

Fuente: Noticias Argentinas

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