La Provincia de Buenos Aires anunció el cierre de 32 escuelas rurales por “baja matrícula”. Por Lidia Mutto

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El título que encabeza la presente nota detonó el alerta de, no solamente  quienes serian directamente afectados por la medida, ni de aquellos  involucrados en educación sino de toda la comunidad.

Según las declaraciones de los funcionarios del área educativa “Tenemos 3059 escuelas rurales, de ellas el 50% tienen más de 10 alumnos lo cual permite que los chicos reciban lo que necesita, nosotros nos concentramos en escuelas donde hay establecimientos con menos de 5 alumnos”; “Un censo realizado por la dirección General de Escuelas detectó 39 colegios con ese registro mínimo, de los cuales 18 tienen “cero inscriptos” para el ciclo 2018”; “Medio centenar de alumnos de escuelas rurales de la provincia serán reubicados, antes del inicio de clases previsto para el 5 de marzo. Son niños que asisten a 21 establecimientos con una matrícula inferior a cinco estudiantes.”

La ubicación de las escuelas rurales respondió, en el momento de su creación, a las necesidades educativas del lugar, que no siempre se mantienen en la actualidad. El paulatino despoblamiento de las zonas rurales, consecuencia inevitable del avance tecnológico, por un lado, y de la falta de oportunidades, por otro, hizo que decreciera año a año la matrícula escolar en ellas. No es difícil, hoy, encontrar edificios escolares clausurados por  falta de alumnos o escuelas que han disminuido en un alto número su matrícula. Pero aun así, teniendo en cuenta que también son argentinos los habitantes del interior y que como tales requieren las mismas posibilidades educativas que el resto, donde existe un grupo de niños en edad escolar debiera funcionar una escuela rural, siempre que ésta esté en condiciones de brindar  el servicio adecuado a las necesidades de cada alumno.    

De lo expresado precedentemente surgen diversas reflexiones e interrogantes, muchos de ellos sin respuesta.

  • La mayoría de los campos, en general, se han ido despoblando, en la medida que desaparecieron los tambos ”a mano” de cuyas actividades participaba toda la familia, dando lugar a los grandes establecimientos de ordeñe mecánico, con muy poca participación de personas en su funcionamiento.
  • Por otra parte, también fueron desapareciendo los “puesteros” (que vivían en el lugar con su familia), encargados de recorrer grandes extensiones de campo donde pastoreaba el ganado o los potreros en los que se sembraba pastos y cereales que luego eran recolectados ocupando mano de obra temporaria y en muchos casos permanente.

Hace unos años decíamos que “Al final de cada camino, a la vuelta de algún recodo, sea en la localidad más pequeña y alejada o en el paraje más aislado, cada  tantos  kilómetros de recorrido, emerge, en la distancia, una bandera que flamea al tope del mástil en un edificio, la más de las veces, humilde y pequeño. En su interior, un grupo de niños argentinos y un docente, casi siempre único, hacen de la educación un servicio, hasta en el más recóndito lugar de la patria.
La escuela rural es un establecimiento escolar ubicado en zonas del interior, con la finalidad de brindar educación primaria a la población campesina. Pero también es algo más: es la institución comunitaria por excelencia, la avanzada de cultura ubicada donde no llegan otros medios y a veces ni siquiera los caminos …” (Enciclopedia para el maestro rural, Tomo I).

 

En la actualidad las escuelas unitarias prácticamente han desaparecido, pues en todos los establecimientos hay más de un docente, profesores especiales, personal auxiliar, dándose en algunos casos que la cantidad de personal afectado iguala o supera al número de alumnos. Por otra parte  en las zonas rurales se cuenta con servicios de telefonía móvil y de internet y en la mayoría de las escuelas los alumnos ya no llegan a caballo o en sulky, siendo llevados muchos de ellos por sus padres en autos o camionetas equipados para transitar los caminos de tierra.

En el caso de las escuelas con muy escasa matrícula cabe plantearse:

Cuando el número de alumnos es, por ejemplo, menos de cinco y de distintas edades, niveles e intereses, ¿se cumple el proceso de socialización, intercambio, aprendizaje…? ¿los docentes asignados para tales establecimientos están preparados para atender en forma personalizada cada alumno? ¿logra la escuela los objetivos mínimos que debiera alcanzar como centro educativo? ¿el domicilio de los alumnos, el estado de los caminos, los recursos disponibles, permiten su desplazamiento a otros servicios que puedan brindarles mejores condiciones de escolaridad?

Esas entre otras muchas cuestiones debieran tenerse en cuenta ANTES DE TOMAR MEDIDAS QUE PERJUDIQUEN  AL ALUMNO, centro, eje fundamental del proceso educativo y como tal, merecedor de recibir la mejor atención en cuanto a calidad y servicios como persona y como futuro ciudadano del país que todos soñamos tener y que únicamente puede lograrse a través de una educación de excelencia.

Por Lidia Mutto

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