Tomás Gibson, que administró estancias, fue un pionero de la ganadería ovina en Argentina en el siglo XIX. Publicó La Nación

Tomás Gibson nació en 1808 en Escocia, hijo del empresario textil John y de Janet Taylor. Allí su padre tenía la Casa Gibson & Cia, dedicada a la exportación de géneros, y en 1818 decide establecer una sucursal en Buenos Aires, para ello envió a su hijo mayor John y al año siguiente remitió a su otro hijo Jorge, creando la razón social John Gibson Sons & Cia para importar géneros y exportar cueros, pieles de nutrias y otros productos. Los Gibson no tardaron en adquirir varios campos.

Los Gibson no tardaron en adquirir campos, el primero fue en Monte Grande, más tarde vendido a Parish Robertson, luego en la zona de Brandsen compraron la Estancia “El Paraíso”, siguió la “Sol de Mayo” en la costa del Salado, en 1824 adquieren la Estancia de los Portugueses sobre el Río Samborombón, luego conocida como Estancia del Samborombón. En 1825 compraron la Estancia “Rincón del Tuyú” luego llamada “Los Ingleses”, después llegó el turno de “Los Jagüeles” entre el Salado y Samborombón; y por último una estancia en las proximidades de la laguna Kakel Huincul (entre Gral. Guido y Maipú).

Heriberto Gibson en una carta a Ricardo Hogg le relata en 1927 que: “En 1826 la firma Gibson poseía cinco estancias con más de 60.000 vacunos, 40 manadas o sea unos 4000 yeguarizos, muchas mulas, esclavos y el equipo general de aquel entonces de material de transporte y de defensa contra malones; dos piezas de artillería inclusive”.

Entre 1826 y 1828 dada la situación con el Brasil y el bloqueo del Río de la Plata, los Gibson se vieron quebrados económicamente; además John (h) muere de neumonía en 1828. Tomás llegó a Buenos Aires en 1838, siendo ingeniero, y junto a sus hermanos Roberto y Jorge se hacen cargo del único campo que les quedó: “Los Ingleses”.

Llegaron a la zona del Tuyú con esfuerzo y dedicación, gallardamente defendieron la estancia de los malones de 1831 y 1855. Se hicieron pioneros en la cría de ovejas, comenzaron con ovejas pampas, después de 1852 importaron las primeras ovejas Rommey Marsh, llegaron a tener el criadero de Lincoln más importante de la Argentina, fueron los primeros en importar una prensa para enfardar lana, y poder exportar los fardos directamente al mercado europeo.

Tomás, además de administrar el establecimiento, tuvo momentos para desplegar su pasión por la pintura; entre sus obras relativas a la estancia de los Ingleses y sobre temas de la vida rural, se destacan: “Casa de la estancia los Ingleses”; “Puesta de sol en la pampa”; “Los Ingleses”; “La Tomasa”; “Llevando lana para cargar en el puerto”; “Autorretrato”; “Montecito de montañer”; “Laguna de la estancia Los Ingleses”; “La primitiva casa de la estancia Los Ingleses”; entre otros. Estas obras demuestran el apego que tenía por su establecimiento rural.

En 1845 a orillas del río Ajó instalaron graserías para faenar ovejas y exportar cebo, el puerto tomó ritmo, apareció una pulpería y luego se instalaron saladeros, Tomás en 1854 se casó con Clementina Corbett y fueron padres de nueve hijos entre ellos Ernesto (1855-1919) un ornitólogo que realizó innumerables informes sobre aves en el Tuyú, amigo de Guillermo Hudson; y administrador de la estancia La Tomasa, en Cacharí, adquirida por el año 1855; otro hijo fue Heriberto (1863-1934), administrador de los Ingleses, además publicó en 1893 un interesante libro sobre la historia ovina en Argentina titulado: “The History and present state of the sheep-breeding industry in the Argentine Republic”

En 1865 Valentín Alsina remitió al ministro Cárdenas el Proyecto del Código Rural, en la nota explicaba que desde 1856 recibió la cooperación de hombres prácticos, pensadores y conocedores de las necesidades de la campaña. Uno de los informantes de 1856, en ganadería, fue Tomás Gibson.

Para los descendientes de Tomas Gibson nada más atinado que lo manifestado en 1888 por Estanislao Zeballos en Una descripción amena de la República Argentina -Tomo III. A través de las cabañas-: “La reseña precedente de la estancia Los Ingleses y la clara inteligencia que demuestra su organización y dirección, me autorizan para dedicar un recuerdo honroso a los dos hermanos Gibson muertos, al sobreviviente Don Tomás Gibson, a sus hijos Heriberto y Ernesto, ciudadanos que honran a la República Argentina, como obreros distinguidos de su progreso”.

Fuente: La Nación


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