Por Alejandro Castañeda Zazzali

La de Noelia Cordero -foto-, enfermera que trabaja desde abril en el Hospital San Juan de Dios de La Plata con pacientes enfermos de Covid, es una historia de miedo, pérdidas y, también, de las condiciones laborales a las que, por extrema necesidad, se someten todos los enfermeros en esta coyuntura.

Noelia Cordero

De 30 años y enfermera hace cuatro, Noelia comenzó a ejercer la profesión en el Hospital local, y luego de unos meses sin trabajar, fue a probar suerte al Hospital de San Vicente; “entré un mes antes de que empiece la pandemia y la verdad que duré muy poco porque San Vicente era una locura al principio de todo”, comienza contado en su casa del barrio República, desde donde sale todos los días cerca de las 11 de la noche para hacer las guardias en el San Juan de Dios.



Apenas un mes duró en su puesto Noelia “y decidí irme porque la verdad que allá la cantidad de casos era tremenda y yo permanentemente visitaba a mis abuelos y no quería llevarles el virus”, manifestó Noelia, ciclista amateur.

TORTAS

Esos meses después de renunciar a su puesto en San Vicente, Noelia estuvo haciendo tortas para vender afuera, “pero llegó un momento que con lo que sacaba y el sueldo de mi marido -N de la R: Pablo-, que trabaja en la Ford, no nos alcanzaba y decidí, luego de enterarme por una compañera de ciclismo de que en el San Juan de Dios estaban pidiendo enfermeros por la gravedad de la segunda ola, anotarme y era tal la demanda que un día tuve la entrevista y al día siguiente ya estaba trabajando”, destacó; de fondo, arriba de la cocina, una torta todavía permanecía en el molde, “porque sigo haciendo cada tanto, pero ya estoy cansada”, reconoció.



Es que Noelia es madre de dos hijos; Ezequiel y Bianca, y a las claras con un solo sueldo y la ayuda que podía tener con las tortas, las cosas se ponían cada vez más complicadas; “la plata no alcanzaba, me había aburrido de las tortas, me mandé y al otro día estaba trabajando. Pero una se siente descartable, porque estás trabajando con el miedo de que en diciembre te mandan a tu casa porque es un contrato hasta esa fecha, y mientras tanto les estás salvando las papas y los enfermeros que estaban de antes, aprovecharon que estábamos nosotros para tomarse vacaciones, con lo cual terminamos con menos personal y con cada vez más pacientes”, agregó Noelia, cuyo turno es desde la medianoche a las 6 de la madrugada.

MIEDO

“He aprendido a convivir con el miedo desde que empezó todo esto -advierte Noelia, que tiene dada solamente una dosis de Sputnik, por un favor que le hizo una docente amiga cuando se enteró que estaba por entrar a trabajar como enfermera en La Plata-. En un momento, en lo peor de la segunda ola, era entrar a la sala y no saber lo que te ibas a encontrar; por ejemplo, yo nunca había estado trabajando con pacientes ventilados y por suerte tuve compañeros muy piolas que me dijeron que trabaje sin miedo y que iba a ir aprendiendo con la práctica. Y así fue; hoy me das un paciente en terapia y no necesito la ayuda de un compañero”.



No fueron años sencillos los últimos para Noelia; a la inesperada muerte de su padre en 2019, se le sumó la de su querida abuela, el año pasado; “todavía no logro superar esas pérdidas. No poder tocar a mis abuelos el año pasado fue lo peor –recuerda con los ojos llenos de lágrimas-; es una angustia que no se va con nada pero el miedo está siempre por más que tomes todas las precauciones”, dijo.

Y recuerda un video del año pasado en el que “mi abuela cuando me vio llegar fue a abrazarme y le decía que no viniera porque no se podía; se han vivido muchas situaciones angustiantes”, dijo y enumeró muchas vividas en su estadía en el San Juan de Dios, relacionadas a la triste manera que tienen de morir en soledad los pacientes de Covid.

ESPERANZA

Noelia es optimista a la hora de ver su futuro; “si bien nuestro trabajo depende de lo que decida el ministerio, por lo que he hablado con uno de mis jefes, en otras ocasiones en las que ha sucedido algo similar, a los enfermeros los terminaron dejando en sus puestos. De todas formas, tengo la seguridad de que si no llego a quedar, voy a tirar curriculum para seguir vinculada a la actividad”, afirmó Noelia, que, como dijo, “no paro un segundo. Llego a mi casa a las 7 duermo hasta pasado el mediodía y después siempre hago algo; o camino, o ando en bici o lo que sea, porque si me quedo quieta la cabeza no deja de trabajar y tengo mucho dolor que aún no he superado”, finalizó la vecina, inquieta y con ganas de seguir ayudando y aprendiendo.

Por Alejandro Castañeda Zazzali – Semanario Tribuna 31 julio 2021


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