Semanario Tribuna – 19 junio 2021

Por Alejandro Castañeda Zazzali

“Lo más terrible de todo es que nos sabemos cuándo va a terminar todo esto”; palabras más, palabras menos, este fue el inicio de la charla con Sol Capoulat, médica del Hospital, Jefa de Guardia y encargada del seguimiento telefónico a los pacientes positivos de Covid-19.

Sol, de 34 años y madre de la pequeña Felicitas de 3, se dice cansada, “pero sobre todo mentalmente. Esto es algo que no se puede sacar de la cabeza fácilmente; vivimos pendientes del teléfono las 24 horas los 7 días de la semana y de esa forma uno nunca logra desconectarse de esta situación”, dice, en uno de los consultorios del Francisco Caram, su segunda casa hoy por hoy.

Oriunda de Tandil, Sol llegó a la Ciudad en 2015 de la mano de su pareja, el también doctor Guillermo Gil Rothenburger, “y antes de la pandemia veía a mi familia, que está toda en Tandil, cada 1 ó 2 meses, o ellos venían cada tanto, pero desde marzo pasado apenas vi a mis padres tres veces, y siempre respetando protocolos; al aire libre sin abrazos y sin que abracen a Feli ni que Feli los pueda abrazar” ,describe, con resignación, pero con la convicción de saberse en el lugar donde quiere estar.



Gran parte del desgaste mental pasa, además de por la cuestión de tener que estar alerta al teléfono todo el tiempo -“si algún médico de guardia falta, me tiene que avisar a mí y entre los que estamos cubrirlo, por ejemplo. Es como un Tetris”, dice-, porque “ver a los pacientes en el estado que están algunos a raíz de la enfermedad es algo que a una la pone muy triste. Pero sabemos que nosotros no podemos mostrarnos vulnerables así que tenemos que estar siempre con la mejor cara posible para llevarle algo de energía positiva y eso es algo que también desgasta un montón”, cuenta y dice que del miedo inicial ahora queda el agotamiento.

VIDA SOCIAL

No sólo en relación a su familia directa el Covid significó un cambio rotundo para Sol y los suyos, sino que “Feli es una nena que tenía una vida social muy activa a partir de las amiguitas de la guardería, la mayoría de las cuales después siguió en el jardín de Ayres; hacíamos pijamadas, nos juntábamos con las familias y estábamos en permanente contacto. Pero ahora tenemos que conformarnos con alguna que otra videollamada”, afirma, pero, como era de esperar, destaca que su hija se adaptó perfectamente a esta nueva realidad.



De hecho, al hacer parte del trabajo del seguimiento de pacientes en su casa, con su hija al lado, la pequeña Felicitas tuvo dos episodios de broncoespasmo, “por los cuales la trajimos de urgencia y no eran nada. Pasa que como está todo el tiempo escuchándome preguntar a los pacientes cómo respiran, dos veces me dijo que no podía respirar bien y me desesperé, pero era porque estaba muy sugestionada”, dijo.

“Todos somos potenciales portadores del virus, pero tanto Guille como yo, por nuestra actividad, más aún. Así que no podemos contar con una niñera con lo cual nos rotamos para estar con Feli; yo hago parte de mi trabajo desde casa, pero si no, cuando tengo que salir él se queda con la gorda y viceversa. En ese sentido, nuestras burbujas son estrictas”, manifestó Sol, que además de cirujana y médica legal es profesora de danzas.

Como la mayoría de los médicos y profesionales de la salud, Sol y Guillermo tienen una rutina desde que empezó la pandemia y que mantienen hasta el día de hoy; “llegamos, dejamos los zapatos en un porche, la ropa en un canasto, nos sacamos todo, nos bañamos apenas entramos a casa y recién ahí empezamos a sociabilizar; tan incorporado tenemos esa rutina que Feliz sabe que hasta que no salimos de la ducha no nos puede abrazar”, advierte.

“La pandemia nos obligó a cancelar varios proyectos personales y familiares; el año pasado Guillermo cumplió 50 años y como regalo pensábamos hacer un viaje y no pudimos. Y por mi parte tenía pensando, como Feli empezaba el jardín, hacer un posgrado y tampoco se pudo”, detalló Sol, quien no padeció la enfermedad y ya está vacunada con las dos dosis.

Como sucede a muchos, profesionales de la salud o no, las noches son un termómetro del estado de la cabeza; “no logro relajar cuando duermo –dice-. Me acuesto muy cansada pero me despierto varias veces a la noche y más de una vez Guillermo me ha dicho que hablo de pacientes dormida”.

CANSANCIO

“En los últimos días vemos que se empieza a sentir mucho el agotamiento, mucho más que el año pasado”, asegura Sol que ha legado a estar más de un día entero en el Hospital trabajando y que encuentra en cada paciente que se va de alta, un aliento para seguir adelante.

Según describe, el Covid “es una enfermedad muy traicionera y hasta que un paciente no tiene el alta no se lo puede perder de vista y ante la menor complicación hay que activar todas las alarmas porque es muy impredecible”, afirma, y dice que esto es algo que también impacta de lleno en el cansancio mental de todos los profesionales.

Por eso, es tajante al decir que “no sirve que un poco de población esté vacunada y el resto no; sirve, únicamente si es la mayoría la que tiene la vacuna”, y se sincera al expresar que muchas veces “aguanto, extraño, a veces lloro, a veces me enojo y tengo que estar sonriente para afuera aunque esté mal por dentro porque los paciente no tienen la culpa”.

De todas formas, pese al agotamiento, Sol no deja de pedirle a la gente que “ante la menor duda que tenga, no dude en consultar porque tenemos los recursos y muchas veces la gente pasa la enfermedad en su casa como una simple grupo y termina diseminando el virus”.

Al ingresar al Hospital, una señora que estaba haciendo la cola la reconoció; “Hola Sol, muchas gracias por todos; sos mi ángel”, le dijo; todo un reconocimiento.

AÑORANZAS

“Extraño la cotidianeidad con mi familia y mis amigos. Nosotros éramos de recibir gente en casa todo el tiempo y de vernos con mis hermanos. Por ejemplo, hace un tiempo a una de mis cuñadas la operaron de un tumor y no pudimos estar con ella; es todo muy triste. Nunca pensamos una cosa así y que iba a ser tan prolongada en el tiempo”, expresa con dolor.

De todas formas, Sol no vive en su burbuja –valga la paradoja- ni es ajena al resto de las problemáticas sociales; “una se queja porque tiene mucho trabajo, pero debe ser desesperante para la gente que no tiene trabajo y no tiene qué comer”, aclara.

Y para terminar la charla, Sol deja una frase gráfica y contundente; “extrañamos cuando éramos libres”.

Semanario Tribuna – 19 junio 2021


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