Publicó: 0221.com.ar

Una dañina combinación de violentas ráfagas de viento, granizo y diluvio en cuestión de minutos, fueron las causas de los destrozos, anegamientos e inundaciones que generaron grandes problemas en vastas zonas de la ciudad. Un fenómeno extraño y sumamente difícil de predecir que en cuestión de segundo arrasó con la ciudad.

“Una supercelda es el la forma más destructiva en que se puede tener una tormenta”, explicó a 0221.com.ar el titular de la Dirección de Hidrometeorología de la Municipalidad, Mauricio Saldívar. En general, este tipo de fenómenos puede tener cuatro grados de gravedad y la que el viernes azotó a la ciudad es la peor de ellas: “Se caracterizan por un desplazamiento relativamente rotativo, por lo que son las tormentas que suelen provocar los tornados; por estar cargadas de agua y granizo, por lo que son sumamente destructivas; y también por ser repentinas, por que este tipo de fenómenos no da más de 30 a 40 minutos de preaviso, que es muy poco tiempo”, detalló el meteorólogo.

Según explicó el especialista, la supercelda que llegó a La Plata se formó alrededor de las 18.45 a unos 100 kilómetros al oeste de la ciudad, moviéndose en dirección sudoeste. Sin embargo, a eso de las de las 19.15 comenzó a cambiar su trayectoria hacia esta zona. Entonces se emitió el primer aviso que dio a conocer el Municipio y que advirtió de la llega de la poderosa tormenta.

“El ciclo de vida promedio de una tormenta es de una hora. En ese tiempo, este fenómeno fue aumentando su distribución vertical, su altura; alcanzan un nivel bastante importante y recolectando muchísima agua y gran cantidad de granizo”, contó Saldívar.

La supercelda terminaría por lanzar esa pesada carga justo sobre la ciudad y en cuestión de minutos causó los graves daños e inundaciones que sufrieron miles de platenses en vastas zonas. La brutalidad de la descarga fue lo que causó las violentas ráfagas de viento que provocaron voladuras de techos y la caída de unos 500 árboles en toda la ciudad: “Cuando el agua y el granizo caen, desplazan el aire que tienen debajo hacia la tierra y eso provoca lo que se conoce como ‘downburst’, una corriente de aire violenta y explosiva”, detalló el funcionario.

En sentido, el evento se desarrolló en cadena, explicó Saldívar: “Lo primero que vino fue la oleada de viento, inmediatamente después, la precipitación y, atrás, el granizo, dependiendo el lugar”

La velocidad con la que se sucedieron las precipitaciones -solo en Villa Elvira llovieron 20 milímettros en 20 minutos cuando la capacidad promedio de escurrimiento de las ciudades argentinas es de 30 milímetros por hora- y la cantidad de ramas caídas dificultaron el escurrimiento del agua, que terminó generar grandes inundaciones de acuerdo con la zona de la ciudad

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