Micaela Mazzulla desde Alaska: «La calidez humana fue lo más lindo del viaje»

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Tras 2.862 días de travesía y 19 países recorridos, el proyecto Viajando para Vivir está disfrutando de su sueño en el verano ártico; desde allí junto a Mauricio hablaron en Grassi.com

Después de 2.862 días de viaje, 19 países recorridos y cerca de 120.000 kilómetros sobre un Renault Mégane modelo 1999 al que bautizaron cariñosamente «Megancete», Micaela Mazzulla y Mauricio Sepúlveda cumplieron el objetivo que parecía imposible cuando partieron en agosto de 2018: unir por tierra Ushuaia con Alaska.

Los integrantes del proyecto «Viajando para Vivir», la pareja dialogó con Grassi.com (Estación Radio) desde Alaska, en una entrevista grabada debido a que se disponían a ingresar en una zona sin señal telefónica.

Para Micaela, el viaje tiene además un fuerte componente afectivo con la Ciudad, ya que ella es oriunda de aquí: «Mi familia es de allá, está toda mi familia allá, repartida entre Brandsen y Jeppener. Estuve viviendo ahí hasta el primer año de la facultad y todos los fines de semana volvía a visitar a la familia», recordó.

UN SUEÑO QUE COMENZÓ EN BRANDSEN

La historia de esta aventura nació cuando ambos estudiaban en La Plata. Mauricio, oriundo de Andacollo (Neuquén), llegó a Brandsen durante sus años universitarios y allí conoció a Micaela.

«Siempre nos gustó viajar. Teníamos ese espíritu aventurero y el deseo de conocer el mundo, pero sonaba muy lejano hasta que Mauri me dijo: ‘Si lo vamos a hacer, hay que ponerle una fecha’. Ahí a mí se me tambaleó todo», contó Micaela.

Tras instalarse en Andacollo, comenzaron a preparar la partida. El 4 de agosto de 2018 salieron rumbo a Brandsen para despedirse de la familia y luego emprendieron viaje hacia Ushuaia, desde donde comenzó oficialmente la travesía continental.

EL MÉGANE QUE TERMINÓ SIENDO UNA CASA

Aunque inicialmente pensaban viajar con mochilas, el viejo Renault terminó transformándose en el gran protagonista de la aventura. Durante el recorrido, el 90% de las noches las pasaron durmiendo dentro del vehículo.

«No era la idea salir en el auto. Lo usábamos para ir a trabajar, pero un día nos dimos cuenta de que los asientos de atrás se reclinaban y entrábamos acostados. Se transformó en una carpa móvil. Hoy es un personaje súper especial en esta aventura», relató Micaela

«LA CALIDEZ HUMANA FUE LO MÁS LINDO DEL VIAJE»

Consultado sobre los momentos más significativos del recorrido, Mauricio aseguró que los paisajes quedaron en un segundo plano frente a las experiencias humanas. Ante la consulta, Micaela explicó que las personas que conocieron en ciudades más costeras, resultaron ser más abiertas a diferencia de aquellos que conocieron en regiones más montañosas.

«Estuvimos viajando 2.862 días, el 90% durmiendo en el auto, pero tuvimos miles de encuentros con personas a lo largo de los 19 países que recorrimos y eso es lo que más nos marcó. Más allá de los destinos turísticos, creemos que la calidez humana y cómo nos recibieron en cada país fue lo más lindo del viaje», expresó Micaela.

No obstante, Mauricio recordó que también hubo situaciones límite: «Tuvimos accidentes en Brasil y en Colombia, enfermedades como dengue y situaciones sociales que nos obligaban a quedar varados o nos hacían sentir vulnerables».

Entre los momentos más emocionantes, Mauricio destacó la llegada al Caribe: «Ver ese color del agua, la temperatura y pensar de dónde habíamos salido fue sumamente emocionante. Era algo que veíamos muy lejano y lo logramos manejando».

EL MOMENTO EN QUE CASI TERMINA TODO

Uno de los mayores desafíos apareció antes de cruzar el Tapón del Darién, entre Colombia y Panamá. «Nuestro auto estaba fallando muchísimo y en Centroamérica no existe la marca ni había repuestos. Visitamos más de quince talleres y no encontrábamos el problema. Estuvimos a punto de dejar el auto en Colombia porque no dábamos con la solución», contó Mauricio.

Aun así, decidieron embarcar el vehículo y cruzar hacia Panamá.«Fue un riesgo enorme porque es un cruce en barco muy costoso y burocrático. Gracias a Dios encontramos la solución del otro lado», recordó.

VENEZUELA, LA GRAN SORPRESA DEL VIAJE

Cuando les preguntaron cuál fue el país que más los sorprendió por la hospitalidad de su gente, la respuesta fue inmediata.

«Fuimos con muchos miedos y prejuicios a Venezuela por todo lo que se decía. Habíamos planificado estar un mes y terminamos quedándonos casi un año», explicó Micaela.

Mauricio agregó: «Fue el país más cálido en cuanto a la recepción humana. A pesar de estar atravesando una crisis, nos abrían las puertas de sus casas, nos ofrecían lo que tenían y conocimos realidades que nos llegaron profundamente al corazón».

En contraste, explicó que en algunas regiones de Bolivia y Perú les costó más generar vínculos. “No es que sean personas cerradas, sino que son muy protectoras de su cultura. Una vez que lograbas generar confianza, sobre todo cuando aparecía algún vínculo con Argentina, todo cambiaba».

CÓMO FINANCIARON OCHO AÑOS DE VIAJE

Otra de las preguntas inevitables fue cómo lograron sostener económicamente semejante aventura. Mauricio explicó que partieron prácticamente sin ahorros: «Íbamos a vender el auto para arrancar el viaje, pero al final decidimos salir con él y sin ahorros. Lo que teníamos era un plan: generar los ingresos en el camino».

Durante los primeros tres años y medio recorrieron Sudamérica vendiendo artesanías, pero luego apareció una oportunidad inesperada: «Empezamos a subir videos a YouTube y un día nos llegó un mail avisándonos que podíamos monetizar el canal. Desde entonces fuimos complementando los ingresos y hoy vivimos 100% de las redes sociales». Actualmente el canal «Viajando para Vivir» supera los 500 videos, con dos publicaciones semanales.

EL OBJETIVO CUMPLIDO… Y NUEVOS DESAFÍOS

Aunque ya alcanzaron Alaska, la aventura todavía no terminó. «Queremos seguir recorriendo este estado porque nos está sorprendiendo muchísimo. Venimos de llegar hasta Deadhorse, el pueblo más al norte del continente americano, y fue otra aventura increíble», explicó Micaela.

Sin embargo, apareció una posibilidad inesperada: «Nos está picando el bichito mundialero. Si Argentina llega a la final del Mundial nos gustaría estar, aunque sea afuera de la cancha. Estamos a unos seis mil kilómetros, así que si avanza tendremos que empezar a movernos», comentó Mauricio entre risas.

La elección del momento para llegar al extremo norte también fue cuidadosamente planificada. «Acá estamos viviendo el famoso sol de medianoche, lo que significa que todo el día hay luz. En invierno sería imposible porque las temperaturas llegan a 40 o 50 grados bajo cero», explicó Micaela.

Ahora el plan es recorrer los parques nacionales de Alaska. «Esperamos ver osos, alces, bueyes almizcleros y toda la fauna que caracteriza esta región. Es realmente espectacular», concluyó.

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