Cada 21 de septiembre se busca generar conciencia sobre una enfermedad que constituye la forma más común de demencia y que también impacta en familiares y cuidadores. La OMS estima que más de 57 millones de personas viven actualmente con demencia en todo el mundo.

El primer Día Mundial del Alzheimer se conmemoró en 1994 y, desde 2012, septiembre es considerado el Mes Mundial del Alzheimer, con actividades de concientización desarrolladas en distintos países.
La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y representa entre el 60% y el 70% de los casos. Según los datos más recientes de la OMS, más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo y cada año se registran casi 10 millones de nuevos casos.
¿Qué es el Alzheimer?
El Alzheimer es una enfermedad que provoca un daño progresivo en el cerebro. Puede comenzar muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas y, con el paso del tiempo, afectar la memoria, el pensamiento, la comunicación y la capacidad para desarrollar actividades cotidianas.
La demencia no forma parte inevitable del envejecimiento. Si bien la edad es uno de los principales factores de riesgo, existen distintas enfermedades, condiciones de salud y factores ambientales que pueden contribuir a su aparición.
¿Cuáles son las primeras señales?
Entre los signos tempranos pueden aparecer problemas para recordar acontecimientos recientes, perder objetos con frecuencia, desorientarse incluso en lugares conocidos o perder la noción del tiempo.
También pueden presentarse dificultades para resolver problemas o tomar decisiones, seguir una conversación, encontrar determinadas palabras o realizar tareas que anteriormente resultaban habituales.
Los cambios también pueden manifestarse en el estado de ánimo y el comportamiento, con ansiedad, tristeza, irritabilidad, modificaciones de la personalidad o pérdida de interés por actividades sociales.
No todos los olvidos son indicios de Alzheimer. Olvidar ocasionalmente un nombre, una fecha o dónde se dejó un objeto puede formar parte del envejecimiento normal. La diferencia está, entre otros aspectos, en la frecuencia, la progresión de los cambios y el impacto que tienen sobre la vida cotidiana.
Ante cambios persistentes en la memoria o en las capacidades cognitivas, es importante realizar una consulta profesional para determinar sus causas.
Una enfermedad que también afecta a quienes cuidan
El impacto del Alzheimer no se limita a la persona diagnosticada. La progresión de la enfermedad puede generar una creciente necesidad de asistencia para las actividades cotidianas y repercutir en la vida de familiares y cuidadores.
Por este motivo, uno de los objetivos de la fecha es promover el acceso a información, orientación, apoyo psicológico y herramientas que permitan acompañar a las personas con demencia y, al mismo tiempo, cuidar a quienes cumplen tareas de asistencia. La OMS señala que los efectos de la demencia son también sociales y económicos y alcanzan a las familias y a quienes brindan cuidados.
¿Se puede prevenir o retrasar el riesgo?
Actualmente no existe una cura para la demencia. Sin embargo, la evidencia científica indica que determinados factores modificables pueden contribuir a reducir o retrasar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
En julio de 2026, la OMS publicó nuevas recomendaciones y señaló que hasta el 45% del riesgo de demencia podría prevenirse o retrasarse mediante la intervención sobre factores modificables. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, el consumo perjudicial de alcohol, la inactividad física, el aislamiento social, la contaminación del aire y enfermedades como la hipertensión y la diabetes.
Entre las medidas recomendadas se encuentran mantener actividad física, llevar una alimentación saludable, controlar la presión arterial, el colesterol y el nivel de azúcar en sangre, mantener un peso saludable, no fumar y reducir el consumo perjudicial de alcohol.
También se recomienda mantener una vida social y cognitivamente activa, atender los problemas de audición y visión y reducir la exposición a la contaminación del aire.
La estimulación cognitiva, la actividad física, la participación social y el acompañamiento adecuado pueden contribuir además a mantener la calidad de vida y el funcionamiento cotidiano de las personas que viven con demencia.
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