Dejó su profesión y su vida en Brandsen para seguir un llamado: la historia de Patricia Mato en la Amazonia

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Nuestra vecina está desde 2024 en Perú como misionera, acompaña a las comunidades y se mostró expectante por conocer al Papa León XIV.

La vida de Patricia Mato tomó un rumbo diferente cuando decidió responder a una inquietud que, según contó, la acompañaba desde hacía tiempo: la misión más allá de sus propias fronteras. La decisión implicó dejar atrás buena parte de su vida en Brandsen, incluida su profesión, su trabajo docente y la cercanía cotidiana con su familia.

Mato trabajó entre 2012 y 2015 en el área de Planeamiento del municipio y, además, durante siete años dio clases en una escuela de Oliden. Con el tiempo, comenzó a prepararse para dar un paso que significaba dejar aquello que había construido durante años. “Mi profesión fue lo primero que decidí dejar. También la escuela, porque yo daba clases en Oliden, una escuela que quiero mucho, que viví siete años ahí dando clases y que fue como una familia para mí”, relató en Grassi.com (Estación Radio).

La decisión también significó alejarse de sus padres, hermanos, sobrinos, tíos y primos, a quienes definió como “su gran tesoro”. Sin embargo, aseguró que su familia terminó acompañando su elección. “Ellos siempre me dijeron: ‘Te acompañamos en todo lo que vos emprendas’. Siempre me acompañaron”, contó. Y agregó: “Con todo el dolor, yo sé que ellos están sufriendo todavía, pero con todo el dolor y con alegría, me acompañan en todo”.

UNA VIDA EN LA AMAZONIA

Actualmente Patricia se encuentra en Quimbiri, la ciudad cabecera de la parroquia donde desarrolla su misión. También pasó un tiempo en Villa Virgen, otra de las sedes, ubicada a unas tres horas de distancia.

Lejos de la imagen de una Amazonia completamente despoblada y aislada, explicó que se trata de una zona selvática con una importante población y una particular combinación cultural. “A diferencia de lo que uno por ahí se imaginaba, no estoy en la selva pelada, en la selva más virgen, sino que estoy en una zona que está muy poblada”, explicó.

En la región conviven poblaciones migrantes provenientes principalmente de Cusco y Ayacucho con comunidades originarias, entre ellas los pueblos asháninka y machiguenga. “Se mezcla toda esa cultura de la sierra con la cultura de la selva”, señaló. Para Patricia, uno de los aspectos más significativos de su experiencia fue precisamente poder convivir con esas comunidades y conocer sus costumbres. “Mi gran sorpresa, mi gran alegría también, es poder verlos cotidianamente a ellos. En medio de la ciudad conviven la selva y la sierra”, destacó.

Parte de su trabajo consiste justamente en acompañar a los pueblos originarios en la preservación de sus tradiciones, procurando que la tarea evangelizadora no implique modificar su identidad cultural. “Nuestro trabajo aquí es que ellos preserven su cultura, llevarles la fe, pero la fe en su cultura, sin invadirla, sin querer cambiar su forma de vivir, su forma de vivir la fe”, explicó.

DISTANCIAS, CAMINOS Y UNA REALIDAD DIFERENTE

Aunque la comunicación digital permite mantener el contacto con Argentina, las dificultades aparecen principalmente en los caminos y en el traslado entre las distintas comunidades.

Como ejemplo, señaló que entre Quimbiri y Villa Virgen hay unos 70 kilómetros, pero el trayecto demanda aproximadamente tres horas. “Los mismos kilómetros en muchísimo menos tiempo los hacía a General Belgrano o a Monte. Acá los caminos son complejos”, relató. La propia realidad del lugar la llevó incluso a aprender a manejar, ya que parte de sus tareas requiere trasladarse en camioneta por la región.

En materia sanitaria, explicó que la zona cuenta con un hospital regional, aunque determinadas especialidades requieren traslados hacia otros centros. En casos de mayor gravedad, incluso puede ser necesario recurrir a helicópteros. “No es tan fácil”, explicó.

UNA TAREA PASTORAL EN UNA ZONA CON FUERTE PRESENCIA EVANGÉLICA

Uno de los mayores desafíos que encontró Patricia tiene que ver con la realidad religiosa de la región. Si bien el catolicismo tiene presencia en Perú, explicó que en esa zona de la Amazonia “está poblada en su mayoría por nuestros hermanos evangélicos”, señaló.

La convivencia entre ambas expresiones religiosas no siempre resulta sencilla. Según relató, existen sectores evangélicos con posiciones muy enfrentadas al catolicismo, lo que dificulta la posibilidad de generar encuentros ecuménicos. Sin embargo, aclaró que sigue siendo un objetivo que buscan alcanzar: “Es un sueño que tenemos y que estamos intentándolo”.

Como muestra de las dificultades que pueden existir, recordó una situación durante sus primeros tiempos en la región. “Lo más fuerte que recibí de parte de un niño la primera vez es que me dijo: ‘¿Vos sos el diablo?’”, relató. Para Patricia, aquella frase le permitió dimensionar “cómo trabajan” algunas comunidades religiosas con los niños y el nivel de rechazo hacia los católicos que puede existir.

“VOY SIGUIENDO UN POCO EL LLAMADO DE DIOS”

Detrás de la decisión de abandonar su vida profesional y familiar aparece una profunda convicción religiosa. Patricia aseguró que desde hacía tiempo sentía una inquietud vinculada con la misión y que finalmente decidió responder. “Uno por ahí no es consciente de lo que va haciendo, va siguiendo un poco el llamado de Dios”, expresó.

Su elección estuvo marcada por la idea de dejar atrás aquello que tenía construido para ponerse al servicio de los demás. “Fui armando mi vida laboral, que fue lo primero. Mi profesión, que podría decir que para mí es uno de mis grandes amores, fue lo primero que decidí dejar”, contó.

Hoy, desde la Amazonia peruana, Patricia continúa desarrollando su misión entre comunidades con realidades culturales y sociales muy diferentes a las de su lugar de origen. Incluso tendrá la oportunidad de encontrarse con el papa León XIV durante su visita a Perú, una experiencia que será, según reconoció, su primer encuentro personal con el pontífice. “No lo conocía. Va a ser la primera vez que lo vea”, contó con entusiasmo.

Desde miles de kilómetros de Brandsen, su historia mantiene un vínculo profundo con la comunidad que dejó atrás. “Los quiero un montón”, expresó al despedirse, dejando en claro que, aunque su vida tomó otro camino, sus raíces y afectos siguen presentes.

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