Ángel Godoy, Marcelo, Quimey y Ayén Espínola fueron parte de esta aventura; los Espínola integran la escuela municipal de Deryon Do Kwan en Brandsen.

Marcelo Espínola es profe de la escuela municipal de Deryon en Brandsen.

Hacer cumbre en el Volcán Lanín, el pico emblemático de la cordillera neuquina, es siempre un desafío para los escaladores, y así lo sintieron Ángel Godoy, Marcelo, Ayén y Quimey Espínola, cuatro deportistas lomaverdenses, ávidos de aventuras y adrenalina.

Padre e hijas Espínola, son cinturones negro y miembros de la Escuela Argentina de Deryon Do Kwan, al igual que Ángel, que a su vez es el entrenador de Tenis (y jugador, por supuesto) de Loma Verde; y emprendieron esta travesía de forma particular, sin el acompañamiento de un guía, ya que dos de ellos ya cuentan con la experiencia suficiente.

“Es la tercera vez que yo hago cumbre acá, solo que ésta fue la peor de todas porque lamentablemente, con el tema del calentamiento global y los cambios climáticos, el Volcán prácticamente no tiene nieve de la cara norte (Tromen), que es donde se hace (el ascenso)”, cuenta Marcelo, y agrega que esta condición que presenta actualmente el terreno, “significa, que todo lo que se llama acarreo, no hay nada sólido, todo se cae, todo se desmorona. Los accesos son muy accidentados, y la verdad es que nos mató”.

“La idea era hacerlo con mis hijas, ellas querían hacerlo conmigo, y quise aprovechar esta oportunidad. Vinimos con Ángel Godoy; “Pichu” es el profe de Tenis y un amigo de toda la vida, y lo escalamos los cuatro. La verdad es que estamos re contentos, pero fue muy complicado”, reconoce el Maestro Espínola.

“El tema es que había que hacerlo, y lo hicimos igual, y estamos contentísimos porque el lugar es maravilloso; y para la agrupación de montaña nuestra es como el bautismo escalar  el Volcán este como primera medida, así que contento por las chicas, tanto Ayén como Quimy, y arrancar con un buen bautismo”.

La agrupación a la que hace referencia es “Montañistas DDK”. “Es de cinturones negros de Deryon Do Kwan, que hace ya veinte años que tenemos la agrupación de montañistas, que fuimos escalando distintos lugares con el correr de los años”, explica, y con los cuales tienen muchos proyectos en carpeta, que posiblemente se comiencen a concretar en Loma Verde en el presente año.

La escalada duró dos días: “El primer día se hace la aproximación a la zona de refugio (ubicado a los 2.600 m), que es el sector del RIM 26 (Regimiento de Infantería de Montaña), ahí nos dejan poner el campamento nuestro, y como no son expediciones con guías contratados, son expediciones particulares las nuestras, nos dejan un espacio para poner el acampe nuestro, el refugio”, revela.

“En este caso, los militares que estaban arriba nos dieron un domo, y la verdad que se portaron con nosotros como si fueran de la familia, nos encantó –resalta-. Se hace noche ahí, y al otro día a la mañana salimos para la cumbre, y logramos hacer cumbre a las 9:15 de la mañana. Estuvimos diez minutos ahí, empezamos con el descenso que nos llevó mucho tiempo por el hecho de no tener nieve ni hielo, se desmorona todo y nos llevó prácticamente el mismo tiempo bajarla, que subirla por las precauciones que tenés que tomar, los deslizamientos, en fin”, resume Marcelo Espínola.

Tras recorrer los 14,2 km que separan la base de la cima, se llega a la Altitud máxima de 3.754 msnm., donde aseguran quienes tuvieron el placer de llegar, se vive una experiencia inigualable; y sin dudas, esa sensación se potencia cuando es junto a familiares y amigos con quien se comparte el sueño.

Fuente: Multimedio Digital


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