Por Daniela Leiva Seisdedos

El aumento de la cobertura y la calidad educativa en Argentina, resulta fundamental para lograr el avance de nuestro país, porque toda solución debe partir desde la educación

. Hablar de calidad, excelencia y aprendizaje escolar se ha convertido en un espacio común en el que se repiten conceptos sin cuestionar los procesos. La calidad no es un concepto estático, es una característica de las cosas que indica perfeccionamiento, mejora, logro de metas. Ninguna acción humana y, por lo tanto, ningún sistema educativo puede ser perfectos.

Daniela Leiva Seisdedos

En los discursos de organismos internacionales, en particular el de la UNESCO ya en el 2010), se recalca que una educación de calidad debe posibilitar mucho más que la adquisición de competencias básicas, debe además ser inclusiva, efectiva y equitativa. Para la OCDE el organismo que encarna las pruebas PISA ya en 1990 exponía que la educación de calidad es aquella que asegura a todos los jóvenes la adquisición de los conocimientos, capacidades, destrezas y actitudes necesarias para equiparles para la vida adulta.

El derecho a la educación es internacionalmente reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales (1981), la Convención de los Derechos del Niño (1990) y las convenciones sobre los Derechos de las Personas Migrantes (1999) y con Discapacidad (2007).

Argentina tendría que alardear menos sobre su educación, salud, seguridad para que la misma sea digna y de calidad, los resultados llegan solos se ven, se palpan porque hoy siempre estamos remendando estos conceptos en vez de darle trascendencia con ejemplos de mejoras reales.

Tanto la calidad como la excelencia son conceptos que provienen del ámbito empresarial, están ligados con estándares de producción, eficiencia, productividad, rendimiento, etc.

Hoy se proclama como obligatorio para los colegios el ideal de la “excelencia. La institución debe ser excelente, los programas de formación, los profesores también, y los estudiantes deben aspirar a ser excelentes y a demostrarlo, por eso creo que la evaluación no es el objetivo para castigar, sino una herramienta para alcanzar la excelencia.

La única solución vitalicia es invertir en educación, todo lo demás es demagogia. La pobreza en Argentina es asistencialista en el mejor de los casos, clientelar en el peor así transcurre estos tiempos para solucionar los temas de estado, las políticas de estado y la educación va en este sentido.

La calidad de un sistema educativo no tiene solo como techo la calidad de sus docentes, si no la excelencia. El techo lo dá el grado con que ese Estado destierra día a día el nivel de pobreza y desigualdad de esa sociedad.

Cerebros mal alimentados y sin educación eso es lo que destierra la igualdad, equidad de un país. La inequidad en nuestro país es real, la pobreza es real, el inconformismo es real, la brecha entre los que menos tiene y los que más tienen es obscenamente real, la corrupción es real, el abandono y el cinismo de la política son reales pero la caridad eterna tampoco es una solución. La excelencia educativa consiste en lograr que cada alumno consiga el máximo desarrollo intelectual y moral a partir de sus propias capacidades.

La educación no busca utilidades en el sentido monetario sino valores, porque la escuela se ha transformado en una herramienta insustituible contra la desestructuración social.

Los docentes siempre creamos esperanzas porque enseñamos para el presente, pero sobre todo para el futuro. La docencia es un compromiso con el presente y el futuro.  Valoremos al docente que todos los días apuesta por trabajar a conciencia.

Más allá de los discursos demagógicos que en todo momento afloran el futuro es la educación y sus mecanismos de garantía son: una buena política educativa, calidad, excelencia, contenidos actuales. El desafío es: educar en la diversidad, equidad, inclusión, la libertad, la colaboración comunitaria, la independencia en fin la educación es un derecho humano que se multiplica a cada concepto que enseñamos.

 “Yo quiero como maestro… no un sabio, pero si a un hombre que se distinga por su educación, por la pureza de sus costumbres, por la naturalidad de sus modales, jovial, accesible, dócil, franco; en fin… en quién se encuentre mucho que imitar y poco que corregir”

Simón Bolívar


Daniela Leiva Seisdedos

Prof de Historia. Revista El Arcón de Clio. VI Premios UBA. Manuales de CDC de Tinta Fresca-Alfaomega. Personalidad destacada de la Educación del HCD de La Plata. Empoderamiento Femenino y Educativo de Invery Crea España. Editores de Santillana Argentina y España.

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