Carolina Amoroso: “El periodismo es mi forma de ver la vida”

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Carolina Amoroso volvió a ser noticia en un medio masivo como diario El Dia de La Plata. Reproducimos la nota donde deja claro lo que significa el periodismo en su vida. Profesión que desarrolla a diario en TN y para la cual se preparó intensamente.

Acostumbrada a contar todo tipo de historias ajenas, la joven figura de TN cuenta la suya: nacida en Brandsen hace 35 años, vivió en Venezuela y Ecuador, hizo producción televisiva, gráfica y, ahora, se luce frente a las cámaras como una de las estrellas de la señal de cable. También hace radio y acaba de editar su primer libro

Quizás para un cumpleaños o para un día del niño, Carolina Amoroso (35) recibió un regalo que, sin saberlo en aquel entonces, se convertiría en una señal sobre su futuro profesional: en una valijita plástica rosada, la “Juliana periodista” contenía un micrófono, una videograbadora, una credencial, una claqueta y el slogan de un programa propio que, treinta años después, terminarían formando parte de la cotidianidad de la joven periodista de TN que, además de televisión, hace radio y acaba de editar su primer libro, “Llorarás. Historias del éxodo venezolano” (Ed. Catarsis), mientras se embarca en la escritura del segundo, esta vez, sobre el detrás de escena del Silicon Valley argentino.

Dueña de un apellido al que le hace justicia, Amoroso dialogó telefónicamente con EL DIA, un diario al que definió como “un emblema” y que conoció de chica cuando las noticias llegaban en letras de molde a su Brandsen natal. Allí vivió allí su primera infancia, una vida de “aire de siesta… fresca, simple y linda” que atesora a pesar de haberse ido a los ocho años, solo para volver de vez en cuando para visitar a su familia.

Nieta de italianos, hija de padre petrolero y de madre profesora de literatura, y hermana menor de dos varones, Carolina asegura que su familia “tiene el derrotero de una familia de expatriados”: tras su vida en Brandsen, los Amoroso se radicaron durante tres años en Río Gallegos, hasta que a sus 11 emprendieron una nueva aventura, Venezuela, un lugar de pertenencia al que la separan horas de vuelo pero el que no conoce de distancia emocional.

-Siempre contás lo importante que ha sido y es para vos Venezuela, sobre cómo te marcó. ¿Eras consciente de eso mientras vivías allá o es algo que pudiste sentir siendo más grande?

-Es interesante lo que decís porque yo recién pude terminar de armar de más grande todo lo que Venezuela me había marcado. Fueron años muy formativos porque imaginate que para mí fue el paso de la niñez a la adolescencia. Con las transformaciones muy profundas que se dan en una persona, en una mujer, en una niña deviniendo en mujercita. Es un lugar en mi alma, más allá del lugar geográfico que tiene ese país precioso. Cuando volví a Argentina -a sus 15 se mudaron a Ecuador y a sus 18 volvió al país para estudiar en la universidad- sentí una sensación de cierto extrañamiento. Y me parece que tiene que ver con que una parte de mí, no te diría que se siente extranjera en mi país de origen, pero sí siente que en algunas cosas me siento más cerca, incluso, de la cultura venezolana, de esa forma caribeña de ser. Aunque no lo parezca desde afuera, hay cosas que tienen que ver con ciertas concepciones sobre la vida, de mi feminidad que creo que tiene mucho de ello.


Además de amor y respeto, Carolina siente “agradecimiento” por Venezuela porque “fue un país de puertas abiertas para todos los que fuimos a vivir allá, algunos buscando mejores oportunidades, y muchos, que fueron antes de lo que fuimos nosotros, que fueron buscando un refugio: porque hubo muchos argentinos que se exiliaron en Venezuela durante la última dictadura militar”. Por eso le duele profundamente “que no sea tan clara la posición de la Argentina considerando que hoy Venezuela atraviesa por lo mismo: una dictadura militar. Por supuesto, con características y en contextos distintos, pero en definitiva de eso huyen los venezolanos, algo que devino en una catástrofe humanitaria”. Esas gracias eternas son transitivas a su gente, dice Amoroso, y explica que los venezolanos, para ella, “siempre fueron eso: casas de puertas abiertas, donde todo el mundo te convida un cafecito, una arepa, donde nadie te pedía demasiada explicación, ni de dónde venías… eso es impagable y te queda inscrito en el corazón”.

No sorprende entonces que su debut literario haya sido con un libro que más que un análisis político se destaca por incluir relatos narrados desde el alma en el que son ellos, los venezolanos, los que les ponen las palabras a sus padecimientos.

“Yo quería darle la voz al pueblo de Venezuela, a la diáspora, para que contara lo que estaba pasando. Mi libro no es un libro, como bien marcás, de análisis político pero es político porque esas historias son casi un antídoto frente a la frivolidad que muchas veces adquiere la conversación política hablando de ideologías en un contexto en el que lo primero que tiene que estar sobre la mesa es la catástrofe humanitaria, y el saldo de una política tan pero tan viciada que empujó a la desesperación a millones de personas”, cuenta la periodista.

La idea de escribir “Llorarás” -con prólogo de Joaquín Morales Solá, se consigue en todas las librerías- se le vino a la mente cuando en 2019 fue a cubrir para TN el “frustrado caso de la ayuda humanitaria en la frontera colombo-venezolana”. Allí Carolina, que venía siguiendo de cerca todo lo que pasaba en el país, se dio cuenta que nada de todo lo que se había contado era tan desgarrador como lo que estaba viendo con sus propios ojos. “Vi la parte más sangrante de la herida (…) Cualquier palabra queda corta para describir este nivel de indignidad al que está siendo sometido el pueblo de Venezuela. Vos ahí ves todo eso de lo que se habla en su versión más cruda como si fuera un cachetazo que no se borra más, que se queda encima para siempre. Más allá de esa cobertura, yo quería hacer algo que permaneciera, quería documentar eso: tanto las fronteras, como las tantísimas historias de reconstrucción que yo conocí en la diáspora. En definitiva, son historias que hablan de la condición humana porque si te ponés a pensar nosotros también venimos de desterrados que debieron reconstruirse y que pasaron en muchos casos dolores inefables, muchos de los cuales quizás ni siquiera llegamos a conocer por completo (…) Esa herida fundamental me parece que es algo con lo que nosotros también podemos conectar”, reflexiona.

UNA TÍA AMOROSA

Amoroso, que vive sola en Nuñez, cerquita de su familia inmediata, no duda en manifestar su favoritismo por dos integrantes del clan que todavía no alcanzan la mesa. Dice que sus sobrinas Juana (5) y Helena (2) la ayudan en su profesión, al contagiarle con sus encuentros esa mirada tan inocente, transparente y asombrosa del mundo que, advierte, “le hace tan bien al periodismo”.

Reconoce que “la fascinación por el poder transformador de las muy buenas historias” lo tiene sembrado desde muy chica, y cuenta la anécdota de la “Juliana periodista” que le dio su mamá, quizás, instalándole de niña la inquietud por esta profesión. De su madre, por caso, dice haber heredado la “sensibilidad artística” aunque sin desmerecer a su padre a quien, entre risas, define como un “rudo sensible”.

Relaciones internacionales fue una de las alternativas de estudio que barajó en ese momento de incertidumbre que nace en el tramo final del secundario, aunque también la seducía el teatro, el arte. Finalmente se decidió por la Licenciatura en Comunicación en la Universidad de San Andrés, en donde se topó con un profesor que le dijo “tenés condiciones para los medios”, un comentario que aceptó como un desafío para volver a tomar las riendas de su vida, un tanto revuelta en ese momento por una desilusión amorosa.

Sus inicios en los medios fueron en la producción televisiva (ese profesor la recomendó para un trabajo en una productora externa que producía programas para Canal á), después realizó una maestría en Periodismo que la llevó a escribir para el diario La Nación, hasta que desembarcó en la pantalla de TN, donde todas las noches se luce al frente del noticiero Central, acompañada por Nicolás Wiñazki y Franco Mercuriali. En esa señal de cable, también lleva adelante el segmento internacional (tomó la posta de Pepe Gil Vidal) y, por estas semanas, también se la ve manejando los rieles -junto a Carlitos Claa- del programa de Alfredo Leuco, actualmente de vacaciones.

-¿Dónde y cómo nace tu vocación periodística?

-El día que pisé por primera vez una redacción, dejé atrás esa historia de amor, y me puse de novia con el periodismo (risas), una relación que sigue hasta hoy. Es mi gran amor (…) Una forma de mirar el mundo y de sentir. El periodismo, en general, nos expone el alma. A mí me dio algunas de las experiencias más transformadoras que viví a nivel personal. Entonces, decir que es mi trabajo es verdad, sí, lo es. Pero además es mi forma de ver la vida. Y mi forma también de encontrar propósitos. De sentir que lo que hago tiene algún impacto, sentido”.

-¿Cuál fue la nota o tema más difícil que tocó escribir o presentar?

-Probablemente haya sido una nota que hice para La Nación hace varios años. Fue una nota que me cambió y que me confirmó algo que yo ya sabía, algo que intento seguir haciendo, que es seguir yendo al territorio a buscar las historias. Fue una historia sobre un chiquito que había muerto de desnutrición y tuberculosis en el Impenetrable, en Chaco, en Villa Bermejito. Nosotros fuimos a contar qué era lo que pasaba y cómo vivían esas familias de la comunidad qom. Y la verdad es que a mí esa nota, que recuerdo que era la nota de tapa del diario, me confirmó cuál era el periodismo que yo quería hacer. Y fue una de las historias que más me costó elaborar incluso cuando volví. Una historia que me llegó muy adentro y recuerdo que después que se publicó estuve muchos días con la historia encima viva, como si la estuviera escuchando, viendo o sintiendo en ese momento, una y otra vez, como en loop.

-Por tu lugar de trabajo, te ha tocado y te toca entrevistar a reconocidas figuras. Pero si tuvieras que elegir a una especialmente, ¿a quién te gustaría interrogar?

-Me gustaría muchísimo entrevistar a Angela Merkel, la canciller alemana. Me parece que tiene una concepción del liderazgo que creo que es de las más interesantes entre los líderes mundiales. A su vez me parece que tiene aspectos hasta tensos en los cuales me gustaría explorar: hay aspectos de ella que todavía no termino de entender y creo que muchos tienen que ver con la formación de esa personalidad y con su historia personal. Me parece que es una mujer que deja -porque se está retirando de la política alemana y no saben cómo la van a reemplazar- una forma de liderazgo que la diferencia, que la recorta, que la distingue por la positiva en muchas instancias y que incluso la hacen ser o tomar, por esa especie de fobia que tiene a sonar en algún momento demagógica, medidas profundamente difíciles y antipopulares en muchísimos casos, y con temas muy álgidos. Me interesaría ver qué hay detrás de esa líder que además, entiendo, tiene una historia personal de la construcción de su carácter que es muy interesante.

UNA PERIODISTA MULTIFORMATO

-Hacés radio (“Día de tregua” en la 89.9 los domingos a las 15), tele, escribís. ¿En qué formato te sentís más cómoda?

-Es difícil decirlo. La tele me abrió un espectro de posibilidades enormes, tiene eso de la cantidad de recursos: imagen, sonido, el estar ahí, el poder contarlo, en verte en situaciones, el ir descubriendo en vivo un hecho, una historia. La gráfica tiene la mística de la redacción y la cosa reflexiva, de encontrar una imagen, la forma de arrancar a contar, de encontrar la palabra justa. Y la radio tiene esta cosa de la cercanía, de que te despojás de cualquier artilugio y sos vos con tu voz llegando a otro, casi como haciéndole compañía, bien íntima. Hoy no puedo elegir una, todos los formatos tienen su magia. En todos los casos es hacer periodismo que es lo que me llena. Pero la tele tiene este vértigo hermoso que no te aburre nunca.


Carolina se levanta muy temprano y lee, lee mucho. Diarios de acá y de afuera porque le apasiona la agenda internacional. “Leer lo que pasa afuera lo hago como gimnasia porque te da perspectiva para conocer los problemas que nosotros, desde nuestra endogamia sentimos que son nuestros y que te das cuenta que están en todos lados. Cuando uno ve la novela del traspaso de mando en Estados Unidos, uno de dice ‘ah, bueno, esto me suena familiar’, amén de las enormes distancias que hay”. Además de su leída solitaria y exhaustiva, también apela a sus propias fuentes para informarse sobre algunos de los temas que van atravesando la agenda y que son muy específicos, como salud o economía. No sólo consulta para dar una mejor y más completa información, sino para ajustar la precisión y para conocer, también, sus propios límites de conocimiento. Cuando hay algo que no conoce, no toca de oído: manifiesta su limitación y pregunta desde ese lugar de curiosidad que los periodistas no deberíamos perder nunca.

-Tus colegas y la audiencia elogian tu solidez y desenvolvimiento frente a las cámaras. ¿Cómo tomás los halagos?

-Por supuesto, muy agradecida a la generosidad de quien diga algo en línea con destacar mi profesionalismo y demás. A mí me da mucho orgullo y también la generosidad con la que colegas incluso han valorado algo de lo que pueda llegar a hacer yo. Pero creo que es importante que esa validación no sea lo único que perseguimos. Este laburo tiene, por supuesto, sinsabores, subidas y bajadas, entonces me parece que está bueno mantenerse muy fiel al termómetro interno, manteniendo mi mirada crítica sobre mi misma, más allá de las repercusiones. A veces, cuando la mirada está muy puesta en la validación externa, perdés perspectiva.

– ¿Y qué pasa con las críticas negativas? ¿Te llegan? ¿Te afectan?

-Yo creo que uno tiene que estar abierto a lo que pasa con lo que uno dice. En eso soy receptiva pero también en términos relativos. Por supuesto que no al hater, al odiador, que no tiene sentido porque ahí se está tramitando una cosa que no tiene que ver con vos. Pero si es una crítica de laburo, y está hecha con respeto, la recibo pero también relativizándola, priorizando el termómetro interno, que es lo que te mantiene en foco. Por suerte, igual, no recibo demasiados comentarios negativos. Por el contrario: me hacen comentarios que me conmueven porque hablan de mi trabajo, no de mí, lo que quiere decir que mi trabajo genera un impacto positivo.

-¿Cómo te llevás con el reconocimiento popular?

-Re bien. Al principio me llamaba la atención. Pero después empezás a entender lo que es realmente trabajar en un medio muy masivo como TN. Realmente, más allá de que es un shock primero, es muy emocionante saber que llegás a la casa de la gente. Es muy valioso, es un privilegio, y lo vivo como algo que viene con el laburo pero muy agradecida porque, en definitiva, nosotros trabajamos por la gente.

-Con la exposición llega la otra parte, que tiene que ver con el interés por tu vida privada. De hecho, el año pasado, te adjudicaron un romance con un compañero. ¿Te molesta esa parte o lo tomás como parte del juego?

-Te genera esta cosa de desconcierto de no entender qué puede llegar a ser interesante de mi vida (risas). En ese caso no era cierto pero más allá de eso entendés que quizás con esa misma honestidad tenés que salir y decir la verdad. El tiempo termina poniendo las cosas en su lugar y volvés a la esencia de todo que es el trabajo. Y eso es lo que determina tu relación con la gente. Se termina acomodando todo solo.

“Cualquier palabra queda corta para describir el nivel de indignidad al que está siendo sometido el pueblo de Venezuela”

“A veces, cuando la mirada está muy puesta en la validación externa, perdés perspectiva”

“El periodismo es mi forma de encontrar propósitos. De sentir que lo que hago tiene algún impacto”

FUENTE: EL DÍA


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