Una madre pide ayuda para visibilizar lo que día a día pasa su hijo: “La dislexia no se ve, pero sus consecuencias sí”.

Cada 8 de octubre, el Día de la Dislexia nos invita a hablar de una forma diferente de aprender, procesar la información y relacionarnos con el conocimiento.

Pero ¿alguna vez nos preguntamos cómo se siente un chico que vive esto todos los días?

“Yo sé que soy inteligente, o por lo menos creo que lo soy. Hay cosas que entiendo, cosas que pienso y cosas que sé. Pero cuando tengo que leer, escribir, copiar o demostrar lo que sé en una hoja, todo parece volverse mucho más difícil.

Me esfuerzo, estudio, intento prestar atención y vuelvo a leer. Trato de copiar rápido y terminar las tareas, pero muchas veces no llego.

Mis compañeros ya terminaron y yo todavía sigo copiando. Ellos entregan el examen y yo sigo tratando de terminar.

Estudio durante horas y, cuando llega el examen, muchas veces desapruebo. Y no entiendo por qué.

Porque yo estudié.

Entonces empiezo a pensar que quizás no soy tan inteligente. Quizás soy lento. Quizás soy tonto.

Y me agoto.

Me agota leer, me agota escribir, me agota tratar de entender un texto cuando parece que las palabras no terminan de acomodarse en mi cabeza.

A veces sé lo que quiero decir, pero no encuentro la manera de escribirlo. Sé la respuesta, pero no logro expresarla como esperan.

Y llega un momento en que no quiero ir más a la escuela, porque estoy cansado de sentir que, haga lo que haga, nunca llego.

Hay cosas complejas que puedo entender. Ideas que solo a mí se me ocurren, cosas que puedo imaginar o soluciones que quizás a otros les cuesta encontrar. Pero hay otras cosas que, aunque me esfuerce, parecen llevarme mil veces más tiempo que a los demás.

Y aun así, siento que siempre voy detrás.

Y quizás nadie se da cuenta de todo lo que me costó llegar hasta ahí.

Quizás solo ven que no terminé, que me equivoqué, que desaprobé o que tardé demasiado.

O tal vez piensan que soy vago, que soy tonto.

Pero no ven las horas de estudio, el cansancio, la frustración ni las veces que quise dejar de intentarlo.

Y tampoco ven todo lo que sí puedo hacer cuando no tengo que demostrarlo de la manera que la escuela espera”.

ESE CHICO EXISTE.

Por eso hablar de dislexia no es solo hablar de lectura y de escritura. Es hablar de:

AUTOESTIMA OPORTUNIDADES APRENDIZAJE INCLUSIÓN

Por eso, Brandsen, necesitamos tu ayuda.

Necesitamos que desde Jefatura, Inspección, el Municipio, el Hospital y las instituciones de nuestra comunidad se impulsen charlas, jornadas y espacios de capacitación sobre dislexia, destinados a docentes, directivos y familias.

Porque informar y capacitar también es una forma de acompañar.

Y nuestros chicos necesitan que empecemos a hacerlo.

Por favor, Brandsen, necesitamos tu ayuda.

“Así no aguanto más”.


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