Natalia Matusso de Bastier nació el 25 de diciembre de 1921 a las 13:30 en la ciudad de Pergamino. A sus 104 años aún conserva recuerdos de distintas etapas de su vida, y en una entrevista con InfoBrandsen reconstruyó algunos momentos clave de su historia.

Durante su infancia y juventud trabajó en el campo junto a su familia. El trabajo era pesado y, en algunas oportunidades, también implicaba tener que defender aquello que había conseguido con su esfuerzo. “A veces querían juntar mi maíz con el de otros y yo les decía que no, porque con lo que cobraba le compraba manteca a mamá”, recordó Natalia al hablar de aquellos años.
Desde muy joven encontró en la cocina una de las actividades que más disfrutaba. Cocinaba para su familia y recuerda especialmente los platos que preparaba:“Hacía pollo y no quedaban ni los huesos”. Una de las anécdotas que compartió fue la vez que se ganó un pavo relleno por haber comprado el único número que le quedaba a la vendedora: «A la tarde vino un chico con el pavo y me dijo que lo había ganado. Lo cociné y no quedó nada, se lo comieron todo».
A los 25 años conoció al hombre que se convertiría en su esposo y que vivía frente a su casa. Durante el encuentro lo recordó con un gran cariño: “Era alto, ojos celestes y muy bonito, muy buen mozo”. Juntos formaron una familia. Primero llegó Raúl y, cuatro años después, nació Mirta. Con sus hijos comenzó también una nueva etapa de la vida de Natalia, marcada por la construcción de un hogar que levantarían con esfuerzo y trabajo compartido.
“Yo alcanzaba los ladrillos, preparaba la mezcla, hacía las compras, todo”, detalló al recordar aquel entonces. Mientras su esposo trabajaba en una carnicería, Natalia se ocupaba de la casa y del cuidado de sus hijos; aunque también se desempeñó durante un tiempo en el mismo rubro que su pareja.
El lenguaje del amor continuó siendo la cocina, ya que también preparaba platos a su esposo e hijos: “Cocinaba pastelitos de hojaldre y lo esperaba con eso. Cuando volvía de trabajar se los comía todos, después venía Raúl y no había quedado nada”, relató la entrevistada.
Con el paso de los años, sus hijos crecieron, la familia se mudó y finalmente llegó a Brandsen, localidad en la que ya habían algunos familiares y que se convirtió en parte de su historia. Natalia también tuvo la posibilidad de viajar y conocer distintos lugares a lo largo de su vida. Entre ellos recuerda especialmente Tandil, uno de los destinos que guarda con felicidad. “Me gusta salir, ver gente de otro lugar, es gente distinta”, expresó.
Finalmente compartió que siempre quiso volver al rancho donde vivó con sus padres para conocer el estado en el cual se encontraba, pero que por cuestiones de tiempo y trabajo a lo largo de su vida no pudo hacerlo.
A sus 104 años, Natalia conserva en sus recuerdos escenas de una vida atravesada por el trabajo, la familia, la cocina, los viajes y los cambios. Desde aquellos primeros días en el campo de Pergamino hasta su llegada a Brandsen, su historia reúne experiencias de distintas épocas y la mirada de una mujer que ha sido testigo de más de un siglo de transformaciones.






































